lunes, 13 de noviembre de 2017

Tienes algo detrás de la oreja



Pues sí, Matías: tienes algo en la oreja. Ah no, perdona, no era nada, pero ya he cogido yo la última aceitunilla machucá que quedaba en el plato. Y espérate, que si replanteo bien el discurso lo mismo es hasta culpa tuya.

Así estamos, viejo amigo, más pendientes de los cantos de sirena que de manejar el barco, más atentos a lo que se cuenta por ahí que a lo que realmente pasa. ¿Has visto al José Luis? Lleva toda la mañana echándole a la tragaperras. Nadie lo ha mirado, pero ahí estaba el tío, tres mil duricos que le arreglaban la semana y se ha comido el cacharro. En las últimas jugadas ha sonado “La cucaracha” y todo el mundo se ha girado. “Ole ahí el tío, que le ha sacado el gordo” decían unos y otros, “ahora te conviarás, ¿No?”. Pues de los tres mil que le ha echado apenas ha recuperado cinco mil pesetejas. Eso no es lo peor, lo peor es que está más contento que unas pascuas y hasta ha cedido a la conviá.

Lo mismo nos pasa a nosotros. Venga a perder por un lado y por otro y de vez en cuando nos cantan la cucaracha. Como tal nos tratan también. A este paso seremos los únicos supervivientes a un cataclismo nuclear aunque nos podría matar cualquier DDT. Ironías de la vida.

Es el problema de tratar al ciudadano como a los niños: “eso es cosa de mayores” le decía yo a mi Pedro cuando preguntaba con seis años cosas que no debía. Ahí el problema era mío, pero qué iba yo a saber en aquellos tiempos. Su deber era preguntar y el mío contestar. Y si la pregunta era de índole delicada e inapropiada para su edad pues dulcificarla dándole a entender que más adelante se lo explicaría del todo. Lo cierto es que cualquier sólo quiere que la progenie crezca sana y feliz. Eso implica para algún mal rato de vez en cuando, evitarlo es crearle una carencia que tal vez conlleve algo más grave.

¿Por qué entonces engañamos a los peques? Para protegerlos, aunque luego se os olvida aquello que dejamos pendiente. Los Reyes, el Ratón Pérez, Cataluña,… No, Cataluña, existe, claro. No es un invento. Pero el trato es similar al anterior con una pega: no es para protegernos de una realidad, sino para ocultárnosla.

Eso ya sí es grave. Ahora ya salido un palabro moderno que es la “posverdad”. Más o menos viene a ser una mentirijilla pero dicha por mí, así que te la tienes que creer. Tenemos las cortinas de humo, las posverdades, los ratoncitos Pérez… Lo que tenemos es más tiempo para pensar qué y cómo decirlo que para decirlo realmente.

La culpa es en gran parte nuestra, con nuestras prisas y nuestras limitaciones. Antes sabía de herrería el herrero y de panadería el panadero. Ahora hasta el más pintado tiene mil másteres en macroeconomía, agricultura ecológica y crianza de bebés. ¿Los tenemos? Nada más lejos, pero seguimos el tema del momento con un ahínco que es más propio de los “júligans” que de las personas normales.

Más o menos viene a ser que si no es por protegernos es por ayudarnos, o si no por simplificarnos. Al final resulta que va a ser verdad eso de que “las cosas de mayores son cosas de mayores”, pero míranos, mil años más que quienes cuentan “su verdad” tenemos y aún nos tratan como a parvularios.

¿No sería más sencillo hacerlo todo bien? Entiendo, y soy ya casi bisabuelo, que los cuentagotas son imprescindibles para las criaturillas. Siempre y cuando, claro está, se les ofrezca el frasco entero llegado el momento.

El resto no es más que cosas raras de los libros esos que leía mi Antonio de mozuelo: 1984, Un Mundo Feliz y demás. Si basamos todo en las técnicas de desviación o aliño de la información al final sólo tendremos un MasterChef y un Operación Triunfo pero a lo bestia.

Seamos coherentes, caramba. Seamos sinceros. Dicen que el tiempo todo lo cura, pero también el tiempo está en manos de intereses. Hablemos de temas de hace dos meses, ¿Te suena de algo “La Gürtel” o “Los Eres”?

Mi única motivación a día de hoy es mi Lucía. Yo pasé lo mío y trabajico me costó quedarme medio normal. Mi Antonio y mi Pedro llevan más horas de trabajo sin entender nada que razonando el porqué de las cosas. Pero ahora tengo a mi Lucía. No quiero adoctrinarla ni mucho menos, sino enseñarle las herramientas. Que sepa dónde está, cómo está, porqué está donde está y qué herramientas tiene para salir de ahí.

¿Lo conseguiré? La muy maja vale mi peso en oro, pero no sé si calará lo que le cuente. Como mínimo pretendo que se lo plantee. Con suerte, si sigue estudiando y aprendiendo, algún día dirá: “oye tú, ¿Pues no que mi agüelico que en gloria esté me comentó esto?”. Es la única solución, que piensen por sí mismos.

Igual que tu aceituna, que por la oxidación del ambiente y la desecación del caldo decidió venirse a palillo. Pero esta te la compenso, que para eso estamos entre iguales.

¡Jose! Ponte otro par de cañicas, y otra pa mi compadre Juan que con la cháchara no me ha dado tiempo a decirle ni hola ni tabaco pa mi abuelo.

jueves, 26 de octubre de 2017

Cayaos y Callaos



Pues sí, Matías: cayaos y callaos es de lo que se habla ahora por el pueblo. El trending topic, podríamos decir.

Precisamente los de Mures, esa ELA que se merece un OLE con esa irreductible Paquitina a la cabeza, han conseguido el cayao de mando por fin. Es un símbolo, sí, y como tal representa mucho más que lo que puede valer. ¡Será por cayaos, garrotes, báculos o muletas! Los que tenemos una edad echamos mano de ellos y en Mures, por suerte, a los mayores se les trata más que bien.

¿Cómo consiguió el cayao? Por no haberse callao, he ahí la ironía. Siempre han dicho que quien no llora no mama. Llorar es lo primero que se aprende en esta vida, amén de mamar, así que no es extraño utilizar lo primero para conseguir lo segundo. Con el tiempo se perfecciona la técnica, cosas del crecimiento, y cambiamos el llanto por enunciados coherentes y el mamar por lo que sabemos que nos pertenece.

Los que no se callan, pero tampoco parece que hablen demasiado, son los bomberos y el excelentísimo. Ya viene a ser un tema recurrente: cuando no hay nada de qué hablar pues vuelven al fregao. Perdí la cuenta y la constancia de lo que unos y otros piden, y lo que otros y unos están dispuestos a ceder. Para mí que se había quedado todo averiguado, pero se ve que es como comer callos: de primeras están ricos y parece que pican pero, ¡Ay amigo! Cuando dice de picar ya no hay quien lo enmiende.

Lo que no es de callar, sino de cavar, es la Mota. Mira tú si tiene años, casi más que nosotros, pero aún sigue dando alguna que otra sorpresa. ¿Hasta cuándo? Esperemos que por muchos años. Como sigan excavando capaces son de pegar en el llanillo. Tal vez hasta se encuentre el mechero que perdió Segundo Navas en el verano de ochenta y cuatro, o el llavero de Pepillo el aguardentero cuando se quedó con la tasca.

Luego están los descallaos, que vienen siendo los que no tienen calles. Como los polígonos. Los industriales. Para comprar una docena de huevos y un cuarto de choped ase el Góngora va uno andando, y no hay problema; pero para ir al polígono a soltar mil millones de palés hace falta algo más de transporte. Ahora le sumas la falta de conexión entre polígonos y ya la hemos liado: camiones de esos que son más grandes que Paco Toro y más largos que un paseo del Tanganica atascando el pueblo allá por donde pasan.

La magdalena, no la del desayuno, la calle, también está callada en parte. Arreglos que hacen que los autobuses vayan bordeando el instituto hasta la calle dieci… Figueras, y nuevamente encallan. Encallan por el cambio de calle, así que el que se calle se… Bueno, es igual, déjalo, que me estoy liando.

Lo que ni encalla ni deja a nadie callado son las figuricas del paseo. De arte, así como de capar ranas albinas, entiende uno lo preciso, que nunca es poco ni suficiente. Pero opinar es gratis y quedarse callado de cobardes, así que poco tardé en acercarme a ver de qué iba aquello. Mira tú por dónde que hasta bonico me resultó. Raro, desde que Velázquez entregó los pinceles junto a la cuchara no he vuelto a entender el arte, raro te decía, pero resultón. No sé decirte qué figuras había, una parecía un caballo, otra una oreja en lo alto de un pino,… seguramente haya más filosofía detrás de la que yo pude ver. Lo importante es que las ves y te sientes bien: notas el paseo como más importante y, precisamente por eso, los que pasamos horas allí también nos creemos hasta mejores personas. Es curioso esto del arte.

Por mucho que el arte sea el arte, helarte no te hielas, que vaya marranada de otoño vago tenemos. A ver si se anima un poco y nos vamos haciendo cuerpo para el invierno que nos venga encima. Y no sólo el frío, sino el agua. Que aunque los que vamos con cayao nos resintamos con los cambios de humedad, son billetes de mil duros que caen del cielo. Para to quisqui: quien habla y quien se calla. Lo peor es quien no se calla ni debajo de agua porque, al no haber agua, no pueden poner a prueba sus habilidades.

Este fin de semana, sin ir más lejos, sacan a la virgen a la calle para pedir agua y que se callen los agricultores. Se quejan más que… eso, que un agricultor, y con más razón que un santo. Por eso precisamente los sacan para pedir agua. ¿Y trabajo? Eso no, claro, sería una tontería pedírselo a una procesión. Si seguimos por esa línea lógica, el agua que cae son los angelitos que hacen pis, es lo que siempre se ha dicho. Yo estoy dispuesto a ceder una parte de mis pastillas de la tensión para esos querubines. Si le funcionan como a mí no podrán ni pasar dos horas sin que llueva a cántaros, incluso levantándose a las cuatro de la madrugada.

Todo lo que se haga es poco, cierto es, pero tampoco me parece lógico buscar motivos donde no los hay para sacar una procesión. ¿No pueden sacarla simplemente diciendo eso de “porque yo lo valgo”? ¿Para qué andarnos con excusas peregrinas?

Ya me callo, que todavía me empotran el cayao en los riñones. Aquí hay sitio, espacio y lugar para toda criatura que quiera comentar sus cosas, no como en otros lugares, así que aprovechémoslo y démosle al resto la oportunidad de expresarse.

Dices tú de expresarse, yo había venido expresamente a pimplarme unos callos en lo del cachas, así que venga ¡Pepe! Dos vinicos y dos de callos, o te meto con el cayao diciendo eso de “en la calle te espero”.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Sobreusos y Sobreusa



Pues sí Matías: sobreusos y sobreusa. Parece una tontería, pero han sido los dos temas estrella de los últimos días. Unos por exceso y otros por defecto.

No quiero entrar en debates profundos, que ya me han dado la feria con el tema de moda, pero sí una pequeña reflexión. Un amiguete me argumentaba que el problema de los catalanes era que se habían excedido en el ejercicio de la democracia. Algo así como que han pasado de libertad a libertinaje. ¿Sobreuso de democracia? Caramba, en la vida hubiera imaginado ver esas dos palabras juntas. Mal uso lo acepto, lo vemos casi a diario y más últimamente. Desuso también, pero sobreuso me cuesta creerlo.

Sobreuso si había, por ejemplo, en la feria de muestras. Madre del amor hermoso, ni un alfiler cabía ya. Creo que estaba todo muy bonico y buen puesto, pero meramente me dio lugar a ir como un tronco por el bacotón allá donde me llevara la corriente. ¿Para qué está la feria de muestras? Para mostrar, como su propio nombre indica. Contri más gente mejor, aunque puede resultar un poco contraproducente. Con las ganas me quedé de haber catado algún embutido o queso, y tal vez haberme comprado algo. Tal vez menos puestos harían que se pudieran visitar, aunque sería absurdo. Un espacio mayor sí lo veo más práctico. Lo mismo de antes: sobreuso del espacio. Morir de éxito que lo llama mi Antonio que ha estudiado cosas de de empresariales.

Aquí es donde entra en juego la sobreusa: ¿Realmente necesitamos tanto? Me refiero, un guisico con un precio de coste (partiendo de que la mitad de las hortalizas son de uno) de apenas cuatro duros, para dar de comer a mil criaturas. ¿Qué más quieres? Claro, un vínico del terreno. Pero del terreno, plebeyo, no esos con nombrajos nobles de medio metro de etiqueta. Eso es lo que yo creo que falta. No digo asumir la situación y no aspirar a más, sino disfrutar de lo que se tiene y exprimirlo al máximo.

En apenas cuatro cacharricos de la feria donde monté a mi Lucía me gasté más de doscientos duros. Otros tantos en tomarnos un refrigerio con alguillo de papeo. Y oye, besados los pagué. Nos pegamos un jueves de lujo aprovechando que era “la feria de los alcalaínos”. El viernes y el sábado ya había gente de fuera. No es que me estorben, ni mucho menos, pero es mucha gente y no está uno para andar a empujones por la calle.

¿Qué hicimos el viernes? Como no tenía cole pegamos en el campo. Regamos la huerta, se paseó con la bici, condujo el tractor (bueno, sentada en mis piernas le daba oleadas a las palancas que son más fuertes que ella) y le preparé una sobreusa para almorzar. A las siete de la tarde no podía ya con su alma, a las ocho estaba pidiendo cena y cama y a las nueve cayó como una bendita.

Equilibramos la balanza. Un día de derroche y sobreusos contra otro de apacible “campesinismo” y sobreusa.

Si las clases dirigentes actuaran igual otro gallo nos cantara. Menos órdagos a grandes y más fijarse en las cosas chicas. Menos medirse… los ánimos, y más sentarse un rato a charlar mientras se ve como el sol se esconde tras la Mota.

Menos samba y más trabajar, como decía Milikito, y a la vez más samba y menos trabajar. Lo que no se disfruta no se hace bien, y lo que no se hace bien es doble trabajo y tiempo perdido. Unos no tiene trabajo, a otros nos sobra el tiempo. Si nos echáramos una mano en lugar de tirarle de los pies al ahorcado nos iría mucho mejor.

No quiero hablar de ahorcados, pero sí de cortados. Así que venga, ¡Pepe! Otras dos copillas de palo cortado, que ni mi compadre se corta ni a mí me da palo convidarle a una ronda. Pero eso sí, mañana pagas tú.

Nunca Llueve



Pues sí, Matías: nunca llueve. Ya así, en general. No siempre llovía a gusto de todos, ahora ya no llueve, y buena falta haría una poca de agua. Es buena para la salud, limpia el ambiente, limpia las calles, alimenta el espíritu y el cuerpo acompañada de un buen potaje.

Con todo y con eso, nunca le viene bien a todo el mundo. Al menos por aquí, se ve que somos quisquillosos de más. El otro día, sin ir más lejos, me llevé a mi Lucía a la fiesta de los colores. Yo había entendido de “los olores” y me dije caramba, será otra feria del queso. Pero que va, nada más lejos: mozuelos echando polvos de talco de colorines y bailoteando cosas modernas. Color había, vive dios que lo había. Y música ni te cuento, altilla de más, para mi gusto. Pero se lo pasó bomba con sus amigas del cole. Ya iba siendo hora de reencontrarse, que la pobre echaba más de menos a sus compañeras que a su padre cuando tiene que ir a currar por ahí fuera.

La vuelta al cole sí ha sido el tema del momento, el trending que dicen los de ahora. La niña encantada, sus padres encantados, pero yo me quedo solico todas las mañanas. No veo la hora de ir a recogerla y que me cuente su día. Es lo que tenemos los del tiempo libre, que cada vez cuesta más llenarlo.

Al menos este año no nos ha salido el tema por un ojo de la cara. Una manecica si le he tenido que echar a mi Antonio, pero en la librería la Ana se ha portado de lujo y nos lo ha traído todo fuera o no con cheque libro. Al final en dos días escasos tenía un ajuar escolar la muchacha como para irse al Sáhara y volver sin tener que parar por el camino.

Como esto es un no parar tenemos ya la feria en ciernes. Desde luego es que tenía uno que tener veinte años permanentemente, o mudarse al campo. De otra manera no entiendo como estar al día de todo. Aunque la feria tiene su cosa, que sí, que muy de jóvenes, pero con el mismo programa que cuando tú y yo éramos chaveas: toros y verbena. Punto pelota. Una de cal y una de arena. En la verbena tienen perdón, al menos en parte.

Toca el grupo del chavalín ese que lleva los cohcecicos de carreras en Santa Ana, y tocar tocan. ¡Madre mía si tocan! Lo mismo te hacen un Paquito el Chocolatero que una del zurdo Hendrix así, sin despeinarse. Luego está la orquesta más famosa del momento, La Tentación. Yo… ¿Qué quieres que te diga? Vista una vez, vistas todas. Mucho efecto, mucha luz, mucho grabado de casa… pero sin esencia. Seré yo muy rancio por eso de la edad, pero es que si alguien me canta quiero me cante, no que pase la voz por doscientos ordenadores con música de otros tantos. Si quiero música prefabricada llamo al Amadeo y con su acordeón nos hace un concierto de mil horas sin repetir copla. Pero estos nuevos… ¿Somos personas o somos robores? ¿Se dice así, robotes tal vez? ¿Ves? Será eso, que soy tan viejo que sólo aprecio las cosas artesanales.

De los toros ya qué te voy a decir. Que sí, que una tradición. Que sí, que si no se pierde la raza. Que sí, que todo lo que tú quieras; pero matar despacito y por gusto no creo que sea precisamente algo de lo que sentirse orgulloso. Por tradiciones que no sea, ¿Dónde quedó el derecho de pernada? ¿Dónde el acogerse a sagrado? Pues donde tenía que quedarse, en sus tiempos.

Mira que es raro que lo diga yo, a mis… taitantos años ya casi de vuelta de todo, pero es que si no avanzamos es porque no queremos. Borricos somos como el que más, y presumimos de ello.

Yo espero que mi Lucía sea más viva que nosotros. A mi Antonio lo doy ya por perdido, con cobrar a final de mes tiene bastante y lo único que aspira es a llegar a fin del mes siguiente. Pero para la nieta pretendo un mundo un poquito mejor. Si me apuras no mejor, sino como el que nosotros legamos a mi Antonio y mi Pedro. Por cazurros y apretados acabaron cargándoselo todo. El Pedro se compró su casa con lo que ahorró en un año, ahora está pagando a treinta por la nueva. ¿Esas tradiciones si las hemos dejado?

No quiero calentarme mucho, pero es que da coraje en demasía eso de vez como uno empujó tres pasos a una generación y ella solica se encarga de retroceder cinco hasta chuleando del tema.

No queriendo calentarme sí que se me ha calentado ya la cerveza. ¡Quico! Espabila ya de la luna de miel y ponnos otras dos cañicas. Esta juventud va de Paraiso en paraíso y como te descuides ni se arremangan para volver.

Pa Mear y no Echar Gota



Pues sí, Matías: pa mear y no echar gota. Literalmente. Iba yo todo contento el otro día a Mures a celebrar a San Roque como se merece. La verdad es que no tengo ni idea de quien era ese tal Roque, pero una fiesta es una fiesta y punto.

El caso es que, ¿Qué te voy a contar?, a ciertas edades conviene estar más cerca del baño que de la barra. Pero héteme aquí el pequeño problema: había de lo segundo, pero no de lo primero. Yo a mi edad, sin un baño cerca, ni me atrevo a tomarme medio vaso de agua. Al final se abrieron, menos mal, pero con cerrajeros y todo de por medio. Luego la policía, la guardia civil… total, que fiesta hubo, eso es innegable, pero no precisamente la de convivencia que se buscaba.

Lo bueno del agosto es que es un no parar. Si no se puede ir de fiesta aquí, pues te vas allí. Y si no acullá, ¡Será por sitios!

Los fuegos sí que los vimos, más bonicos que un San Luis. El Antonio se quedó hasta las tantas escuchando a un grupo de esos roqueros modernos. No sonaban mal, la verdad, para ser música de esa de pegar ladridos. Primero unos chavalines muy mozalbetes que salieron hasta en la tele. Luego otros más veteranos. Chapeau. Mira que yo soy más de pasodobles, pero no se puede decir que no tocaban bien. Pero claro, mi Lucía estaba ya la pobre que se caía redonda al suelo. El angelico desde las cinco de la tarde en la piscina bregando con los primos y luego hasta casi la una… No daba más de ella.

Lo peor vino después. Raro es que alguien remanezca de esta zona y no tenga familia en las cataluñas. Mira que me gusta poco que se mate la gente. Nada, es lo peor que puede hacer un ser humano. Pero es que encima cuando es tan cerca como que duele un poquito más. No voy a entrar en detalles, que ya bastantes debates he escuchado en la tele, radio, barras… Sólo pido que no nos convirtamos en ellos. Unos dicen de echarlos a todos. ¿A todos? ¿A quiénes? A los malos sí, claro, pero en este caso eran unos doce o trece.

Llámame blanduzco si quieres, pero siempre he pensado que los problemas hay que solucionarlos por su origen y no por su consecuencia. ¿De qué me sirve a mí, por ejemplo, regañarle a mi Lucía cuando me esconde el mando de la tele? De nada. Así que le pregunto y ya me dice “es que quería seguir viendo los dibujos”. ¿Ves? Así de fácil. Bueno, fácil no, claro, hay que extrapolarlo todo. Pero una vez que entiende que una horica de tele al día está ya bien, y que hay más cosas que hacer, es ella misma la que la apaga y se viene conmigo a regar las hortalizas.

Evidentemente no es el mismo caso, pero el procedimiento debería de ser parecido. Sabemos lo que ha pasado, y todos estamos consternados. Pero ahora toca analizar dónde está el origen. Un chaval de veinte años no puede ser el terrorista más buscado del mundo, eso está claro, hay alguien detrás.

En fin, esas son cosas de las cabezas pensantes, que trabajen y den con una solución. Con dos, mejor: una rapidica para solventar el problema y otra a largo plazo para anularlo definitivamente.

Para corto plazo el que tengo yo, que esta tarde me viene mi Pedro con su tropa y aún no les he preparado los cuartos. Así que venga, una rapidica pa refrescar el gaznate y a organizarlo todo para la segunda tanda de vacaciones.