sábado, 30 de septiembre de 2017

Sobreusos y Sobreusa



Pues sí Matías: sobreusos y sobreusa. Parece una tontería, pero han sido los dos temas estrella de los últimos días. Unos por exceso y otros por defecto.

No quiero entrar en debates profundos, que ya me han dado la feria con el tema de moda, pero sí una pequeña reflexión. Un amiguete me argumentaba que el problema de los catalanes era que se habían excedido en el ejercicio de la democracia. Algo así como que han pasado de libertad a libertinaje. ¿Sobreuso de democracia? Caramba, en la vida hubiera imaginado ver esas dos palabras juntas. Mal uso lo acepto, lo vemos casi a diario y más últimamente. Desuso también, pero sobreuso me cuesta creerlo.

Sobreuso si había, por ejemplo, en la feria de muestras. Madre del amor hermoso, ni un alfiler cabía ya. Creo que estaba todo muy bonico y buen puesto, pero meramente me dio lugar a ir como un tronco por el bacotón allá donde me llevara la corriente. ¿Para qué está la feria de muestras? Para mostrar, como su propio nombre indica. Contri más gente mejor, aunque puede resultar un poco contraproducente. Con las ganas me quedé de haber catado algún embutido o queso, y tal vez haberme comprado algo. Tal vez menos puestos harían que se pudieran visitar, aunque sería absurdo. Un espacio mayor sí lo veo más práctico. Lo mismo de antes: sobreuso del espacio. Morir de éxito que lo llama mi Antonio que ha estudiado cosas de de empresariales.

Aquí es donde entra en juego la sobreusa: ¿Realmente necesitamos tanto? Me refiero, un guisico con un precio de coste (partiendo de que la mitad de las hortalizas son de uno) de apenas cuatro duros, para dar de comer a mil criaturas. ¿Qué más quieres? Claro, un vínico del terreno. Pero del terreno, plebeyo, no esos con nombrajos nobles de medio metro de etiqueta. Eso es lo que yo creo que falta. No digo asumir la situación y no aspirar a más, sino disfrutar de lo que se tiene y exprimirlo al máximo.

En apenas cuatro cacharricos de la feria donde monté a mi Lucía me gasté más de doscientos duros. Otros tantos en tomarnos un refrigerio con alguillo de papeo. Y oye, besados los pagué. Nos pegamos un jueves de lujo aprovechando que era “la feria de los alcalaínos”. El viernes y el sábado ya había gente de fuera. No es que me estorben, ni mucho menos, pero es mucha gente y no está uno para andar a empujones por la calle.

¿Qué hicimos el viernes? Como no tenía cole pegamos en el campo. Regamos la huerta, se paseó con la bici, condujo el tractor (bueno, sentada en mis piernas le daba oleadas a las palancas que son más fuertes que ella) y le preparé una sobreusa para almorzar. A las siete de la tarde no podía ya con su alma, a las ocho estaba pidiendo cena y cama y a las nueve cayó como una bendita.

Equilibramos la balanza. Un día de derroche y sobreusos contra otro de apacible “campesinismo” y sobreusa.

Si las clases dirigentes actuaran igual otro gallo nos cantara. Menos órdagos a grandes y más fijarse en las cosas chicas. Menos medirse… los ánimos, y más sentarse un rato a charlar mientras se ve como el sol se esconde tras la Mota.

Menos samba y más trabajar, como decía Milikito, y a la vez más samba y menos trabajar. Lo que no se disfruta no se hace bien, y lo que no se hace bien es doble trabajo y tiempo perdido. Unos no tiene trabajo, a otros nos sobra el tiempo. Si nos echáramos una mano en lugar de tirarle de los pies al ahorcado nos iría mucho mejor.

No quiero hablar de ahorcados, pero sí de cortados. Así que venga, ¡Pepe! Otras dos copillas de palo cortado, que ni mi compadre se corta ni a mí me da palo convidarle a una ronda. Pero eso sí, mañana pagas tú.

Nunca Llueve



Pues sí, Matías: nunca llueve. Ya así, en general. No siempre llovía a gusto de todos, ahora ya no llueve, y buena falta haría una poca de agua. Es buena para la salud, limpia el ambiente, limpia las calles, alimenta el espíritu y el cuerpo acompañada de un buen potaje.

Con todo y con eso, nunca le viene bien a todo el mundo. Al menos por aquí, se ve que somos quisquillosos de más. El otro día, sin ir más lejos, me llevé a mi Lucía a la fiesta de los colores. Yo había entendido de “los olores” y me dije caramba, será otra feria del queso. Pero que va, nada más lejos: mozuelos echando polvos de talco de colorines y bailoteando cosas modernas. Color había, vive dios que lo había. Y música ni te cuento, altilla de más, para mi gusto. Pero se lo pasó bomba con sus amigas del cole. Ya iba siendo hora de reencontrarse, que la pobre echaba más de menos a sus compañeras que a su padre cuando tiene que ir a currar por ahí fuera.

La vuelta al cole sí ha sido el tema del momento, el trending que dicen los de ahora. La niña encantada, sus padres encantados, pero yo me quedo solico todas las mañanas. No veo la hora de ir a recogerla y que me cuente su día. Es lo que tenemos los del tiempo libre, que cada vez cuesta más llenarlo.

Al menos este año no nos ha salido el tema por un ojo de la cara. Una manecica si le he tenido que echar a mi Antonio, pero en la librería la Ana se ha portado de lujo y nos lo ha traído todo fuera o no con cheque libro. Al final en dos días escasos tenía un ajuar escolar la muchacha como para irse al Sáhara y volver sin tener que parar por el camino.

Como esto es un no parar tenemos ya la feria en ciernes. Desde luego es que tenía uno que tener veinte años permanentemente, o mudarse al campo. De otra manera no entiendo como estar al día de todo. Aunque la feria tiene su cosa, que sí, que muy de jóvenes, pero con el mismo programa que cuando tú y yo éramos chaveas: toros y verbena. Punto pelota. Una de cal y una de arena. En la verbena tienen perdón, al menos en parte.

Toca el grupo del chavalín ese que lleva los cohcecicos de carreras en Santa Ana, y tocar tocan. ¡Madre mía si tocan! Lo mismo te hacen un Paquito el Chocolatero que una del zurdo Hendrix así, sin despeinarse. Luego está la orquesta más famosa del momento, La Tentación. Yo… ¿Qué quieres que te diga? Vista una vez, vistas todas. Mucho efecto, mucha luz, mucho grabado de casa… pero sin esencia. Seré yo muy rancio por eso de la edad, pero es que si alguien me canta quiero me cante, no que pase la voz por doscientos ordenadores con música de otros tantos. Si quiero música prefabricada llamo al Amadeo y con su acordeón nos hace un concierto de mil horas sin repetir copla. Pero estos nuevos… ¿Somos personas o somos robores? ¿Se dice así, robotes tal vez? ¿Ves? Será eso, que soy tan viejo que sólo aprecio las cosas artesanales.

De los toros ya qué te voy a decir. Que sí, que una tradición. Que sí, que si no se pierde la raza. Que sí, que todo lo que tú quieras; pero matar despacito y por gusto no creo que sea precisamente algo de lo que sentirse orgulloso. Por tradiciones que no sea, ¿Dónde quedó el derecho de pernada? ¿Dónde el acogerse a sagrado? Pues donde tenía que quedarse, en sus tiempos.

Mira que es raro que lo diga yo, a mis… taitantos años ya casi de vuelta de todo, pero es que si no avanzamos es porque no queremos. Borricos somos como el que más, y presumimos de ello.

Yo espero que mi Lucía sea más viva que nosotros. A mi Antonio lo doy ya por perdido, con cobrar a final de mes tiene bastante y lo único que aspira es a llegar a fin del mes siguiente. Pero para la nieta pretendo un mundo un poquito mejor. Si me apuras no mejor, sino como el que nosotros legamos a mi Antonio y mi Pedro. Por cazurros y apretados acabaron cargándoselo todo. El Pedro se compró su casa con lo que ahorró en un año, ahora está pagando a treinta por la nueva. ¿Esas tradiciones si las hemos dejado?

No quiero calentarme mucho, pero es que da coraje en demasía eso de vez como uno empujó tres pasos a una generación y ella solica se encarga de retroceder cinco hasta chuleando del tema.

No queriendo calentarme sí que se me ha calentado ya la cerveza. ¡Quico! Espabila ya de la luna de miel y ponnos otras dos cañicas. Esta juventud va de Paraiso en paraíso y como te descuides ni se arremangan para volver.

Pa Mear y no Echar Gota



Pues sí, Matías: pa mear y no echar gota. Literalmente. Iba yo todo contento el otro día a Mures a celebrar a San Roque como se merece. La verdad es que no tengo ni idea de quien era ese tal Roque, pero una fiesta es una fiesta y punto.

El caso es que, ¿Qué te voy a contar?, a ciertas edades conviene estar más cerca del baño que de la barra. Pero héteme aquí el pequeño problema: había de lo segundo, pero no de lo primero. Yo a mi edad, sin un baño cerca, ni me atrevo a tomarme medio vaso de agua. Al final se abrieron, menos mal, pero con cerrajeros y todo de por medio. Luego la policía, la guardia civil… total, que fiesta hubo, eso es innegable, pero no precisamente la de convivencia que se buscaba.

Lo bueno del agosto es que es un no parar. Si no se puede ir de fiesta aquí, pues te vas allí. Y si no acullá, ¡Será por sitios!

Los fuegos sí que los vimos, más bonicos que un San Luis. El Antonio se quedó hasta las tantas escuchando a un grupo de esos roqueros modernos. No sonaban mal, la verdad, para ser música de esa de pegar ladridos. Primero unos chavalines muy mozalbetes que salieron hasta en la tele. Luego otros más veteranos. Chapeau. Mira que yo soy más de pasodobles, pero no se puede decir que no tocaban bien. Pero claro, mi Lucía estaba ya la pobre que se caía redonda al suelo. El angelico desde las cinco de la tarde en la piscina bregando con los primos y luego hasta casi la una… No daba más de ella.

Lo peor vino después. Raro es que alguien remanezca de esta zona y no tenga familia en las cataluñas. Mira que me gusta poco que se mate la gente. Nada, es lo peor que puede hacer un ser humano. Pero es que encima cuando es tan cerca como que duele un poquito más. No voy a entrar en detalles, que ya bastantes debates he escuchado en la tele, radio, barras… Sólo pido que no nos convirtamos en ellos. Unos dicen de echarlos a todos. ¿A todos? ¿A quiénes? A los malos sí, claro, pero en este caso eran unos doce o trece.

Llámame blanduzco si quieres, pero siempre he pensado que los problemas hay que solucionarlos por su origen y no por su consecuencia. ¿De qué me sirve a mí, por ejemplo, regañarle a mi Lucía cuando me esconde el mando de la tele? De nada. Así que le pregunto y ya me dice “es que quería seguir viendo los dibujos”. ¿Ves? Así de fácil. Bueno, fácil no, claro, hay que extrapolarlo todo. Pero una vez que entiende que una horica de tele al día está ya bien, y que hay más cosas que hacer, es ella misma la que la apaga y se viene conmigo a regar las hortalizas.

Evidentemente no es el mismo caso, pero el procedimiento debería de ser parecido. Sabemos lo que ha pasado, y todos estamos consternados. Pero ahora toca analizar dónde está el origen. Un chaval de veinte años no puede ser el terrorista más buscado del mundo, eso está claro, hay alguien detrás.

En fin, esas son cosas de las cabezas pensantes, que trabajen y den con una solución. Con dos, mejor: una rapidica para solventar el problema y otra a largo plazo para anularlo definitivamente.

Para corto plazo el que tengo yo, que esta tarde me viene mi Pedro con su tropa y aún no les he preparado los cuartos. Así que venga, una rapidica pa refrescar el gaznate y a organizarlo todo para la segunda tanda de vacaciones.

viernes, 18 de agosto de 2017

Arregostaos a Agosto



Pues sí, Matías, arregostados al agosto. ¿Hoy qué toca? Es lo que más se repite en casa. Raro es  el  día en que no tenemos algo para los chicos o los grandes.

El otro día me llevé a mi Lucía a la fiesta medieval. El Antonio estaba liado con sus horas extra, así que me llevé a la chiquilla dando un paseico. Todo el fresco del pueblo se ve que concentró en La Mota: mínimo diez grados menos.

Allí vimos las máquinas de mi época que llevaba la Iris, la de Marvel, dos marcapáginas y una libretica que nos llevamos, más bonica que un potosí. Luego fuimos viendo más artesanos. Pero artesanos artesanos, no puestecicos de esos de los chinos. Juguetes de madera, vidrio con plomo templado, hierbas de las qye hacia años no se veían… Un lujazo de recuerdos para mí y otro de descubrimientos para mi nieta Lucía.

Impresionantes las ,muchachas del Baruca, yo acojonadillo pensando que se iban a matar a cada respingo que daban. Pero nada más lejos: control absoluto y unas danzas preciosas. Después vimos  al mago.  Llámame infantil, pero sigo disfrutasndo con un buen truco de magia como cuando el ceporrero llenaba las discotecas.

Cuando ya estábamos para volver al pueblo comenzó un teatro. El Cerco de Ben Zayde se llamaba. De cuando el rey Alfonso nosecuantos le wquitó la Mota a los moros. Vsaya cosa más bien hecha. Espectaculares las acrtices, estuperndos los actores. Sobretodo el que hacía de cautivo, y eso que era el que se chivó del pozo oculto y provocó el rendimiento ante el asedio, pero caramba, que guaspetón y buen metido en su papel que estaba.

Una vez acabado seguimos con la proyección audiovisual en la tore del homenaje. De diez música y vídeo. Y a comer algo, que ganas había. Mi asmiguete Anuar tenía su puesto de “miarmas”, “chungüarmas” . Eso sí, entre mi Lucía y yo nos las vimos y deseamos para acabarlo sin reventar. Rico, rico  y con contundente fundamento.

Las dos nos dieron, de la madrugada, y porque me empeñé en irnos. Si hubiera sido por mi nieta aún estábamos allí.

El lunes ya se iba mi Antonio de vacaciones, así que comenzaban también las mías. No digo que cuidar de mi Lucía sea un trabajo, pero de cuando en vez gusta tener tiempo para uno mismo. Pues nada, oyes, que tenía entradas para una ópera.

Yo encantado. Me encanta la zarzuela, y la ópera no deja de ser una zarzuela venida a más. Pero ¡Ay, amigo! Se sbre el telón, como en los chistes, y aquello parece un concvierto de los jipis esos de Líverpool: guitarra eléctrica, batería, bajo eléctrico, piano y la coral. Pese a mi rechazo inicial resultó ser una peculiar selección de lo mejor de cada casa. No entendedí muy bien de qué iba el tema: una señora en porretas sobre la que comían sandía como si acabaran de llegar de  Sidi Ifni, lo mismo un estremecedor solo de piano o una coral impresionante , que asl poco salía un cantante detangos y boleros o una guitarra con distorsión.

¿De qué iba? Sinceramen te no te podría decir, perop sí que me encantó y disafruté como un gorrino. Casi todos lo hicimos, aunque siempre hay puretas a los que no puedes sacar de su roal.

Ahora estoy unos días de reposo, tanta jaranga no puede ser buena. Pero no me perderé a la Rociíllo, la niña del Pérez. Mientras habrá que reposar y reencontrarse con nuestros cariñosamente llamados “limpiaorzas”. Cada vez quedan menos, una pena, pero msiempre se aprende de aquellos que se fueron pero no han perdido sus raíces.

Y hablando de raíces: ¡Pepe! Que parece que has echado raíces ahí detrás de la barra, ven acá p’acá y plántate dos tiestazos de ponche blanco casero.

Arde París



Pues sí, Matías, arde Paris. O eso decía el gabacho que escribió la novela. Curiosa lectura, por si aún no le has metido mano, ya que es de esas en las que no te enseñan nada sino que te lo muestran: desde todos los puntos de vista y desde cada ángulo posible. Ahora ya es cosa de quien la lea quedarse o entender una verdad u otra. O sacar sus propias conclusiones, que es la mejor manera de aprender.

Aunque aquí no es Paris quien arde, sino Doñana. No hay nada más triste que ver cómo se destruye algo que costó años y décadas construir. Que se estropee un coche o un móvil todavía, mala suerte. Pero ver cómo en unas horas se va todo a freír espárragos da mucha grima.

Este es el tiempo que nos ha tocado vivir. Bueno, a nosotros no, que estamos ya curados de espanto y tenemos nuestra paguilla cada mes; sí a los jóvenes que vinieron después. Mi Antonio, sin ir más lejos, está ahora en el paro, lo echan en verano para luego volver a contratarlo en septiembre. Meramentico lo mismo que Doñana: años y años tratando de conseguir crear algo para que luego, de un plumazo, nos quedemos como al principio o peor.

Ahí sí es verdad que no hay más puntos de vista. Se puede adornar todo lo que se quiera, de hecho en septiembre habrá un parado menos cuando contraten de nuevo a mi Antonio. ¿Buena noticia? En los números sí, pero no en las personas que son, al fin y al cabo, las que debería importar.

Si es malo destrozar lo conseguido ¿Sabes lo que es peor? No tener ganas de volver a empezar. Le dices a mi Antonio que se ponga en huelga para reivindicar y le sale fuego por los ojos: ¡¿Y perder un día de curro y sueldo?! Tú estás loco. Así nos va. Así les va, perdón.

Lo mismo con lo del orgullo gay. Se queja todo el mundo de que por qué no hay un día del orgullo hetero, o del orgullo normal. ¿Normal? Normal será cuando llegue el día en que conozcas a alguien y te diga: -“Hola, me llamo Jacinto y soy gay”- y tú contestes –“Pues yo me llamo Matías y soy sagitario”-. Ahí sí sería absurdo hacer el día del orgullo gay como lo es ahora, y desde hace mil años, celebrar el del orgullo de los sagitarios.

En su día no estaba mal visto, ni importaba más que ser calvo o capricornio. Luego llegaron los tiempos malos. Pero a eso de los años ’80 más o menos ya volvía a no importar tanto. Ahora estamos otra vez criminalizando. Igual que los bosques: décadas para enjaretarlos y apenas unos momentos para volver a la casilla de salida.

Así va el mundo, amigo mío. Un ciclo que se convierte en espiral y cada vez pasa todo más rápido. Hasta el día en que se colapse y seamos carcas por la mañana, modernos por la tarde y vintages a la hora de acostarnos.

Todo lo que se crea se destruye, es ley de vida, pero debería ser para dar paso a algo mejor. La tierra se raja al ararla, y a los meses se ha convertido en una hermosa huerta. Los peques pasan unos días malísimos con la fiebre, pero salen fortalecidos y con algún centímetro más de altura. Eso sí tiene sentido, romper para avanzar. El único requisito que tiene es saber hacia dónde se va. Teniéndolo claro puedes tirar un tabique de la salita para ampliar el salón, o puedes romper la hucha de cerdito para comprarte ese capricho con el que llevas meses soñando.

Una pena que últimamente no sólo se destruya por destruir, sin objetivo ni beneficio algo (para la sociedad en general, me refiero); y por otro lado sólo se construyan muros para separarnos y diferenciarnos. ¿Qué somos distintos? Toma, ¡Pues claro que sí! Gracias a eso no nos aburrimos.

Así que menos quemar, menos destruir por gusto, menos forzar peleas innecesarias; y más llevarnos bien con cariño y respeto tanto con las criaturas como con el entorno. Ya mismo empieza el etnosur, así que tenemos una prueba tangible que lo importante que es construir juntos en lugar de mandarlo  todo a freír espárragos.

Y dices tú de espárragos: ¡Juan! Hace media hora que te pedimos la tortilla de espárragos, ¿Los has recogío ya o esperamos a la próxima temporada?