viernes, 20 de noviembre de 2015

Días de Escuela



Pues si, Matías, que estamos otra vez en guerra dicen los periódicos. Claro que, si lo piensas bien, no hemos salido de ella en lo menos 12 años. Lo que pasa es que las guerras ya no son como las de antes. No te digo ni mejores ni peores, pero distintas, y malas todas. ¿Te acuerdas de la peli esa moderna, la de Juegos de  Guerra? Pues esto es más o menos igual. Tu le das a un botón en Güasintón y el pepino cae en Raqqa.

Tu lo sabrás mejor que yo, que me llevas dos años. Cuando la guerra de aquí al menos veías a los malos (¿Y quién era el bueno? ¿Si acaso Gila?), los veías venir y te daba tiempo a decirles : “Mire usted, no dispares ni nada, que es que mis padres han salido y yo ando aquí con la cebada”. Y esa persona, porque eran lo que eran, personas, te decía “bueno, venga, pero id tirando pa casa por si se pone el tema feo”.

Ya sabes tu que a mi no me gusta eso de hablar de política, ni de guerras ni de nada de eso. A ver, ¡Si los viejos somos los únicos que decimos “colorao” porque eso de “rojo” aún nos da respeto! Y ya sabes que siempre he votado… a los que he votado siempre. Y tu a los otros, por eso somos amigos desde hace mil años.

El caso es que me he acordado de Paco el parchís. ¿Te acuerda de él? Vivió en los pisos verdes, luego se mudaron a los pisos blancos… el parchís, vamos. El angélico en casa se llevaba una torta tras otra. Y al llegar al cole pues hacía lo que sabía hacer, lo que le habían enseñado en casa. Y puícos nos tenía a todos. Hasta que don Marcial se sentó una semana entera a hablar con él, y ahí acabó el tema.

Míralo ahora, el que antes era el más mamoncete del cole ahora tiene una tienda y le va de lujo. Para treinta años que va ya, que no es poco a estas alturas. Y no ha sido tarea fácil. Entre sus padres que terminaron entrando en razones, los maestros y el resto de alumnos ha llegado donde está.

No te digo que lo de Siria sea igual. Pero si parecido. ¿O no? Entre unos y otros lo malcriaron, le fastidiaron todo lo fastidiable. ¿Y ahora te sorprendes cuando ves que una parte de él se rebela contra todo?
Pues los mismos masculillos que nos hacía el Paco, pero muy a lo bestia.

El problema, lo veo yo, está en cómo afrontarlo. En cuanto el Paco dejó de vivir con sus padres se volvió casi normal. Has entonces ¿Qué hacían los maestros y nosotros mismos? Pues ajostiazo al canto. En defensa propia, cierto, la mitad de las veces. Pero la otra mitad era por entender que sólo hablaba ese lenguaje.

Ojo, que no defiendo lo que hizo Paco, ni mucho menos, pero si que es cierto pocas alternativas más le habían dado. Ahora, por fortuna, no pasan esas cosas. Al menos como las del Parchís. Mi Luisa, que además de mi nieta favorita es la pequeña, tuvo una pelea el otro día en el cole. ¿Y que pasó después? Pues que son las mejores amigas, ella y la que se pegó con ella. ¿El problema? Que una quería la muñeca de la otra. Pues el domingo en el parque ahí estaba yo, leyéndome el periódico al lado de los columpios y viendo como las dos jugaban y se alternaban a la muñeca. Que, por cierto, era más fea que pegarle a un abuelo.

Y es que, amigo Matías, llevarse bien es más fácil de lo que parece. ¿Te imaginas que hubiéramos dejado de hablarnos hace sesenta años, cuando intentaste quitarme a la Paquita en el baile de San Isidro? No hombre. Las cosas se analizan, se hablan y se llegan a acuerdos. Que ya no estamos en la edad del deshielo.

Y dices tu de deshielo, ¡Jefe! Echa otro par de cubitos y nos llenas los cacharros, a ver si ahora la vamos a liar por una tontería.

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