viernes, 20 de noviembre de 2015

Octubre



Pues sí, Matías. Revolucionaico que está el pueblo estos días. Y no es para menos. ¿No te has enterado de que vinieron los del Canal Sur a hacer un programa? Pues si señor, y con la Soriano y todo. ¡Anda que no le gustaba nada a mi Paquita! Y desde que salía con el Hermida. No había mañana que no tuviera la tele puesta, aunque fuera de fondo.

¿Y qué me dices de los aviones? ¡Vaya susto! Ya pensaba que los americanos venían a invadir Al-Ándalus. Y es que ¿A quién se le ocurre hacer maniobras aquí, sin avisar? Y menos mal que fue un lunes, que llega a ser domingo, con los cazadores en el campo, y fijo que alguno lo derriba de un plomazo. O algún ondero de Frailes, que afinan que da gusto y son capaces hasta de darle al tío en el entrecejo.

Casi cuesta hasta creérselo: venir de Armilla hasta aquí y dar la vuelta. ¿Cuánto tardarían? ¿Cinco minutos? ¡Que barbaridad! Me acuerdo yo cuando había que bajar al médico, que aquello era una odisea. A la seis en las catacumbas, esperando al Tambor con su taxi y, si no había tráfico, con suerte a las nueve en el médico. Claro, que Luis no pasaba de sesenta, y los aviones estos no bajarían de seis cientos.

Demasiado rápido vamos, y eso no puede ser bueno. El domingo pasado, sin ir más lejos. Cuatrocientas mil personas en autobús a ver la Mota. Turista arriba, turista abajo. Venga a correr para un lado, venga a correr para otro. Si apenas les dará tiempo a disfrutar ni un ratico. Pero oye, que por mi fetén, aunque lo suyo sería que se quedaran unos cuantos días, e hicieran gasto.

Por si traer gente de fuera era poco, traemos también las costumbres. ¿Pues no que ahora al día de los Difuntos lo llaman “jayovén”? Manda… manda narices. Me acuerdo yo cuando me hacía mi Paquita las papuecas, con su vínico a media tarde. Y el Tenorio en Estudio 1, cuando la tele era tele. Y no ahora, que solo ponen a los mismos mil horas al día y diciendo una sandez detrás de otra.

Hablando de tele, ¡Tenemos una aquí en Alcalá! Es de esas modernas, por el internet, así que tenemos que ir a verla al club o esperar a que mi Juan llegue el fin de semana y nos la ponga en su móvil. Ya te lo decía el otro día, que los chavales y los móviles… pero claro, una vez que te enteras que lo mismo ven la tele, que escuchan la radio, que hablan con la Julia que sigue en Barcelona y la ves como si estuviera en mitad del llanillo… Pues no se yo, lo mismo me pillo uno de esos, ahora pa los reyes.

Pero eso si, que me lo configure mi nieto. Si es que estos chavales saben ya de todo. Bueno, de todo lo que no hace falta, claro. De los interneses y los móviles van sobrados, ahora pregúntale tu dónde desemboca el Miño. Pero pregúntaselo sin el móvil delante, claro. Que con la tontería de que el cacharro se lo sabe todo, ya no se acuerdan ni de dónde viven.

Como diría mi padre: “A estos les metía yo doce meses de mili en Melilla, de quintos, verás tu como espabilaban.

Y dices tu de quintos… ¡Jefe! Llénate unos quintillos por aquí, alma cándida, que nos tienes más secos que la orilla del bacotón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario