martes, 22 de diciembre de 2015

Las Elecciones



Pues sí, Matías, que estamos ya pa irnos a votar. La fiesta de la democracia, que la llamaban antes. Y en estas, mira tú por dónde, lo vuelvo a ver como antaño. ¿Te acuerdas la ilusión esa que teníamos, las primeras veces, y lo importantes que nos creíamos por poder elegir al presidente? Ya ves tú, nosotros, que casi nos cuesta decidir si ponernos la boina gris o la marrón por las mañanas.

Y eso que antes eso de la política lo teníamos casi vetado. Que si no te metas que te mirarán mal, que si cuidado que tienes un negocio y te irás a la ruina como te encasillen… Todo eso, por suerte, ha cambiado. ¿O no?  Cambiar si, que ya podemos discutir en los bares de todo lo que queramos. Pero aún sigue el regomello ese de “a ese no le compres que es de tal, mejor ve a la otra tienda que es de cual”.

Es una pena, la verdad. Porque a este paso volverá a estar mal visto que tú y yo charlemos en el bar. Durante cuatro años somos dos compadres que se echan sus vínicos de cuando en vez. Pero cuando llega esta época… pánico me da. ¿Cómo te juntas con el Matías (me preguntaba Jacinto el otro día) si es de los otros? ¿De los otros qué? ¿De los que no comen carne como los modernos esos? ¿De los que anteponen el equipo de fútbol o el partido político a una amistad de décadas? No hombre, no. Hay más cosas en la vida, y mucho más importantes. Y eso que ni tu ni yo hemos ganado aún ni una sola vez. Bueno, tu si, en las generales. Pero ¿Aquí en el pueblo?

Pues ahora te metes en los fiordos del internet, o charlas con cualquiera en la cola del médico, y esto de votar es casi peor que un Madrid Barça. Que si tu robas más, que si yo menos. Que si tu más feo que si yo más guapo. ¿Y de lo nuestro, de las personas, quién se acuerda? Mira que para mí ya pido poco, que me quede como estoy. Pero mis niños y, sobre todo, mis nietos, no tienen por qué pasar las fatigas que pasaron nuestros padres y nosotros para ir tirando.

Dices tú de nietos, los diez me vienen estas navidades. Que si, que los quiero con locura, pero en cinco minutos cambian precisamente eso: el querer por la locura. Y es que si no es el Antonillo y el Juanete jugando al fútbol en los tomates, en el Pepillo rebuscando en mis cosas para encontrar tesoros como dice él. Menos mi Lucía, un cielico ella, que se queda conmigo y me trata de ayudar en todo. ¡Ay!, si mi Paquita estuviera aún aquí, como le gustaba tener la casa llena de gente.

Aunque lo mismo avanzamos mucho para unas cosas que nada para otras. Yo terminaba antes la navidad cuando iba a ver a Manolo el telegrafista y le decía “Felices fiestas a tós, y próspero año”. Y ya está, el se lo mandaba a to quisqui. A mi hermana que estaba en Bilbao, a los de Barcelona y a los niños cuando empezaron a estudiar fuera. ¡Y ya está! Que si, que gusta que vengan a verlo a uno. Pero un diíca, y mucho es. Ahora no sólo echan aquí la semana entera, casi hasta año nuevo, sino que además desde que tengo el internet me traen frito a correos, mensajicos y demás zarandajas.

Que los quiero. ¡Si son mi familia! Tanto los quiero, fíjate, que con verlos un día tengo ya amor y cariño para todo el año. Lo peor es que luego me acostumbro, y cuando se van es peor. Me molesta horrores ver la casa llena de gente y de griteríos, pero a la semana me molesta mucho más ver sólo un vaso y un plato en el fregadero. Al menos, y pa darse con un canto en los dientes, sigo en casa, y no en una residencia. Aunque todo se andará.

Y además te tengo a ti, que no me fallas en todo el año manque discutamos día sí y día también de lo que encarte. Y espero que tras las elecciones sigamos siendo compadres, después de todo lo que hemos pasado juntos.

Es más, sólo por eso, y hablando de elecciones, hoy eliges tú: ¿Tinto o blanco?

viernes, 11 de diciembre de 2015

El Internet



Pues si, Matías. Al final mi Adolfillo me ha liado y me he comprado el ordenador. Mira que yo no quería ¡Si hasta la máquina de escribir me parecía un invento del demonio! Pero a ver quién le dice que no a un nieto. Y hasta me ha puesto el internet, estoy ya como en el centro de día, pero en casa.

Y por lo visto me he ahorrado unos cuartos porque hace unos años se comieron un pavo en las américas. De locos, si, black Friday lo llaman, como tu cuñado Blas, pero en inglis pitingluis, digo yo. Es más o menos lo mismo que las rebajas de enero, solo que en noviembre y a final de mes. ¿Lógica? Ninguna, pero al menos son rebajas, bienvenidas sean.

SI te contaba el otro día lo del Halloween, esto ya es el acabose. Por lo visto allí se comen el pavo en acción de gracias, y aprovechan ese fin de semana para comprar. Que lo sé yo, no porque sea listo, sino porque tengo el internet en casa. Lo he googleado, ya ves tú, a mis taitantos las cosas que hago. Me viera mi Paquita que en gloria esté googleando y me quedo dos semanas sin postre.  El caso es que es una cosa de allí, que aquí no la tenemos, pero nos la traemos igual. ¿Te imaginas tu al Obama diciendo: “El 20 de Diciembre cerramos la Casablanca porque es Santo Domingo”? Pos eso.

Pero de todos modos esto del internet si que es un invento. Te pones online, que dicen los chaveas, y en na y menos estás al día de todo lo que pasa en el pueblo. Que si el alcalde se casa, que si en el último pleno hubo broncas, que si las luces de navidad, que si una sirena p’acá, que si una ambulancia pálla, … Entre los fiordos, o forros o foros o como se llamen, el correo electrógeno, y los bloses, esto es un no parar. ¿Tú sabes la de gente del pueblo que tiene una gracia para escribir que pa qué? Pues un lujo, oye. Un rato en el blós de uno que hace cuentecicos, otro en el que comenta de política, otro que … yo que sé, cada loco con su tema. Lo bueno es que hay mucho arte, y lo malo es que no se entera uno hasta que no se mete en estos cibermundos.

Y el fiordo ese que te comentaba, para nota. Yo he visto a viejas en un barato con más educación. Y no me refiero ya a lo que viene siendo el malmeter por gusto, sino a la manera de escribir. ¡Qué penica los mozuelos de ahora! A nosotros nos costó, a nuestros padres, enseñarnos a leer y escribir. Pues si viera Don Nicolás como escriben ahí le faltaban reglas para liarse a mochazos. Que no digo, cuidao, que sean las formas, pero efectivas como ellas solas.

Además dijo mi Adolfillo de hacerme un tuiter. Al principio le di una colleja, pero luego me contó lo que era, angélico. Y ya ni tengo que bajar al bar a ver el fútbol: me abro mi tuiter y un montón de gente que no conozco de nada me va diciendo cómo va el partido. Yo no sé si eso será o no el futuro, pero cuanto menos es de agradecer. Tu si no quieres no te lo hagas, yo me llamo en esto arroba (sabrás estos modernos lo que es una arroba) PuesSiMatias. Jeje, ¡Así salimos los dos! Y como tú eres de hablar poco, ya le voy yo dando uso y te pongo al día.

Y hablando de arroba… ¡Maestro! ¿Tienes ya alguna arrobica del terreno de este año? Pus venga, ya estás tardando.