sábado, 26 de noviembre de 2016

Una de Cal y otra de Arena



Pues sí, Matías. Una de cal y una de arena. Nunca llueve a gusto de todos, eso ya se sabe. Y mira que estos días hemos tenido una buena ración del líquido elemento. A algunos les vendrá de lujo: el campo que coma y se ponga hermoso, “billetes de mil duros es lo que cae” decían antes. Para otros, como yo, es un suplicio que los huesos, cicatrices y demás no paren de recordarte la humedad ambiente. Pero, entiendo, es por una buena causa. Así que relaciono el dolor de huesos con buena cosecha, y ya duele un poquito menos.

Una de cal, te decía, y otra de arena. El otro día estaba charlando con el zagal del del vino del terreno, y me comentaba que se está arreglando una casa en la calle los caños. ¡Olé, en el casco antiguo! Le decía yo. Y la suerte de estar poniéndote puíco a ayudas, ¿No? Pues mira tú por dónde, que justo lo contrario. La fachada, una piedra encima de otra, sin más arte que el de no haberse caído en décadas, la tiene que mantener. ¿Pa qué? Pues porque es viejuna. ¡Caramba! ¡Que me mantengan a mí! El caso es que tiene que ir canto a canto quitándolos, limpiándolos, almacenándolos y volviéndolos a montar. Todo eso previo permiso expreso. Tiene guasa la cosa.

Yo pensaba que después del convento de las Trinitarias se iba a potenciar más la zona. Que ha costao dineros como para asar una vaca. Pero nada. Si quieres tener el privilegio de vivir en el casco antiguo, tienes que pagarlo. Y eso partiendo de que la casa esté medianamente en condiciones. Porque lo más normal es que se pisen un piso con otro, que bajo el dormitorio esté el salón del vecino o que el patio descanse en medio metro de la casa de arriba. Todo sea por revitalizar una zona en la que no queda un negocio ni hay sitio donde dejar el haiga de mandao en mandao. Yo de urbanísticos de esos entiendo como de capar ranas. Pero se me antoja que lo suyo sería facilitar a los chaveas que pongan el huevo en la zona. Y contri más haya, más necesario será meter algún comercio o servicio. Una cosa llama a la otra.

Hablando de llamar, me llamó mi Antonio el otro día para que le cambiara la bombilla del pasillo, que él no tenía tiempo. ¡Pues cómpralo! Le dije, de choteo, claro. Y mira tú por dónde, resulta que hay un banco del tiempo. No de esos de la tele que te tensan los pellejos y pareces dos semanas más joven, sino uno como los de verdad, pero más de fiar. Pues oye, me he apuntado. Una panzá de jovencicos más apañaos que un jarrillo de lata. En vez de dineros te dan unos billeticos del monopoli de una hora, y eso lo canjeas por lo que se te antoje. Yo, por probar, llamé con la excusa de que me iba lenta la computadora de mesa. Apenas una hora después, y eran casi las nueve de la noche, me vino el nene de Paco el del banco y me lo dejó niquelao. Además de guapo, apañao, ¡Qué partido! ¿Y me cobró algo? No señor. Bueno, sí, una hora. Como me he arregostado ahora otra vez al esparto, pues le enseño a quien me quiera escuchar a hacer cesticas, y me dan más horas. Total, un trueque de los de toda la vida, pero más formal. Para que luego digan que los mozuelos de hoy en día son unos materialistas interesados. Nada más lejos. Han sabido sacarle provecho a lo que más valioso se está volviendo: el tiempo. Si quieres dineros atracas una joyería y listo. Pero… ¿Y tiempo? ¿De dónde le sacas treinta horas a un día?

Una de cal y otra de arena, insisto. Por un lado te cobran por tratar de que la casa no se te venga encima, y por otro no lo hacen por resolverte un problema. O el mundo está muy loco, o yo estoy ya “jolines”u offline, perdón, que no me entero nunca de los nuevologismos estos.

Lo que nunca cambiará, o eso espero, es el vinico de estas horas para abrir boca. Así que venga, ¡Kisko! Échate otros dos copazos de estos. Pero el mío sin tapa, que me estoy vigilando el colesterol.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Los Poyaques


Pues sí, Matías. Los poyaques. No pueden faltar en ningún chapú que se precie. Y no es malo, evidentemente. Un buen poyaque no es más que una mejora de última hora. Como el patio de tu casa: una vez terminado vió el albañil que se podía recortar la leñera y sacar un cocinón. Pues ale, bienvenido sea.


El problema, a mi modo de ver, es cuando no son ya mejoras. Ni siquiera correcciones o errores de cálculos: es la mitad de la obra.


Mira tú el edificio joven. No sé cuantos años llevará terminado. Bueno, hecho. Al menos por fuera. Pues aún están con los poyaques y para mí que van más de estos que de la obra original. Que yo no entiendo ni de obras ni de arquitectura ni de nada, eso por delante. Pero ¿Nadie cayó en que podría hacer frío en invierno y calor en verano? Para eso no hay que estudiar, sólo pasar muchos inviernos y veranos. Y de eso si que entiendo, ...taytantos que llevo ya, y los que queden (y que usted lo vea). Pues nada. Que si fueran unos chaleses lo vería hasta normal: hoy que tenemos perricas hacemos el porche, y cuando ahorremos otra miajica la piscina.


Con el observatorio tres cuartos de lo mismo. Unos años construido y resulta que se ha quedado corto: sala de recepción, baños y otra sala de observación. ¿Tanta gente va como para tener que hacer una “sala de espera”? Pues oye, bendita sea. Pero, ¿Unos baños? Entiendo que es demasiado romántico eso de mirar las estrella como para decir “que me meo, Mari, ahora vengo”. Pero, al menos para los que echen allí el jornal, deberían de tener como mínimo un gujerico en el patio. Aunque para mí que es más por la ciencia que por el romanticismo. Así que chapeau.


Total, que entre unas cosas y otras, parece que van a tardar más en terminar las últimas obras públicas que en hacer la Mota. O peor, llegará el día en el que mientras aún no se han terminado haya que empezar a restaurar. Pero eso si, la cara que se ve. La muralla de atrás ya tal.


Nunca se va a poder estar a la verea, entre poyaque y poyaque. Normal, nunca se acaba del todo. Es mi casa, que estoy yo solico sin mi Paquita cambiándome los muebles de un día para otro, y aún tengo el trastero con cajas llenas de libros y chismes sin desempaquetar. “DesemPaquitar” le decía yo, por el gusto que le tenía mi santa a eso de poner y quitar cada dos por tres muebles y bártulos varios.


Para cambios los de los yankis. Madre mía, que cuando vi que se presentaba el Jesús Gil ese con tupé pensaba que era broma. ¡Y vaya broma!Todavía se tienen que estar riendo. Está todo virando demasiado hacia el mismo sitio, me parece a mí, y nada bueno puede salir de esto. No esta mal ser diestro en esta vida, pero hay que tener muy buena mano izquierda cuando se tratan temas mayores.


Lo mejor de todo, de lo de los americanos, es que lo han hecho a la primera. Y mira que son gente, una panzá, pero a la primera han sacado su presidente. Mejor o peor, pero a la primera.


Aquí por aplazar hemos aplazado hasta el otoño. Meramentico vino el otro día, con mes y medio de retraso. Pero ha entrado por la puerta grande. Ahora si da gustico quedarse en casa por la tarde al lado del a chimenea. Con mi Lucía, claro, que se viene todas las tardes a hacer los deberes hasta que su madre sale del trabajo.


Lo de los deberes tiene su miga. No veo mal que repasen lo estudiado y avancen un poco. Pero me da a mi en la nariz que todo lo se que está liando es más para despistar. ¿De verdad están los padres y madres contra los profes? Que no son enemigos, caramba, son casi compañeros. A río revuelto ganancia de pescadores, así que si echamos a pelear profes contra padres, autónomos contra asalariados, todos contra funcionarios... al final conseguiremos estar más preocupados de que a la otra parte le vaya mal que de el bien común que deberíamos estar buscando.


Yo ya no tengo edad para estas luchas. Ni busco ni quiero enemigos. Lo que si quiero, ya que has sacado el tema, es otro tintorro de estos. Hace frío en la calle y es mejor calentarse de dentro hacia fuera.

lunes, 17 de octubre de 2016

El día de la Alcalainidad



Pues sí, Matías, el día de la Alcalainidad debería de llamarse. Si hay algo que nos une más que una fiesta nacional es el agua. Y buena ha caído este doce de octubre. No toda la que debiera, ero algo es algo.

Se nota en el campo, con ese olor tan característico. Y en las calles, con esas canalizaciones que tras meses estancadas también van liberando ese olor tan... “característico”.

Fin. Eso es lo único en lo que podemos estar de acuerdo todos, en que ha llovido. Hasta mis huesos han dado buena cuenta de ello.

Luego ya hay opiniones para todos los gustos y colores. Los que celebran el orgullo de sentirse español, los que reniegan por tomarlo como un recuerdo de la masacre americana; los que disfrutan viendo el desfile militar por la tele, los que tienen reparos por el ostentoso gasto de sacar los tanques; los que esperan ansiosos la procesión del Pilar, los que están hartos de tamborcicos, …

Tantas opiniones como personas. Y aquí tantas como alcalainos. Por eso habría que cambiarlo y nombrarlo “El Día de la Alcalainidad”. U otro nombre mejor, que este suena a pila del transistor. Y hacer pues las cosas típicas que se hacen en el pueblo: una buena secretaria y un buen paseo por los Llanos para hacer la digestión.

Y luego cada uno a su casica. Así nos qutábamos tantos problemas y discusiones.

Mi Paquita si disfrutaba mucho este día. Como ella era hija del cuerpo la invitaban todos los años. ¿Hija del cuerpo? A mi siempre me ha sonado raro, no sé, era hija de un Guardia Civil, eso si. Pero sólo de uno, caramba. El caso es que íbamos siempre y les llevábamos unas cajicas de Alcázar o de vino tinto. Y el chiste de rigor: “Pedro, te dejo aquí una caja de cervezas a ver si dejas de multarme una temporada. Que con esto ya estamos a la verea”.

Nosotros, te decía, íbamos invitados por haber tenido familia en la benemérita. Luego iban los interesados en hacerse la foto de rigor, o la Mariquilla a ver qué podía rapiñar. ¡Anda que no le cabían viandas entre los doscientos refajos que llevaba siempre!

Básicamente ese era nuestro día del Pilar de cada año. Mientras estaba ella, claro. Se ve que el puesto de “yerno del cuerpo” no existe, así que me quedé sin invitación al enviudar.

Este año, ves tú, ha sido más tranquilo. Con ver y oler llover he podido disfrutar más que con catorce kilos de jamón serrano y cerveza de gañote. O, mejor dicho, ha sido más tranquilo para mí. Porque a los del sindicato les ha pasado como al de Montefrío ese que iba contigo en la cuadrilla a la aceituna. Pero en lugar de firmar jornales no echados, estos firmaban alquileres no alquilados. Que yo de números no entiendo mucho, pero si pones en un sitio que entra algo, en otro habrá que poner que sale, ¿No? Aunque luego han dicho que es mentira cochina. No sé, a ver como acaba esto.

Sólo faltaba otro juicio, que se ve que nos sobran los dineros para pagar leguleyos. Que si los gúrteles por un lado, los eres por el otro, los alquileres por el de más p'allá... Al final va a tener más futuro estudiar Derecho que meterse a Guardia Civil. Y eso que a los abogados no se llevan cajas de Cruzcampo cuando es su día.

Y los que no están de juicios penales, están de juicios internos. Los de la rosa están para romper la baraja de un momento a otro. Al final pasará como en el torneo ese de brisca: se hará lo que manden los veteranos porque para eso “siempre se ha hecho así”. Y es que la costumbre no es mala, pero tampoco es siempre sana por definición.

Precisamente por eso me voy a tomar hoy un Fanta de naranja, hala, pa despistar. ¡Pedro! Un zumo con pompas para mí y otro vinico para mi socio.

sábado, 1 de octubre de 2016

Otra feria más... (u otra menos)



Pues sí, Matías, otra feria más. Y como las navidades: siempre diciendo que será la última pero, mira tú por dónde, aquí estamos otro año. Lo que no se puede negar es que la he disfrutado como un gorrinico.

El pasacalles lo mejor, con mi Lucía, claro, que a esas horas están los padres trabajando. Ella se decepcionó un poco, esperaba una lluvia de caramelos como en los reyes. Pero.. ¿Qué le vamos a hacer? Menos mal que siempre llevo algún pictolín en el bolsillo por si la carraspera, y con eso se conformó. Y le dan miedo los gigantes y cabezudos. También es normal, yo la entiendo. No es lógico llevar a sus muñequitos preferidos y mezclarlos con los gigantes y cabezudos que son los mismos desde que yo era pequeño.

Una vez abajo se le pasó el mal rato. Las penas con pan son menos, y con coches de choque menos aún. Aunque me sigue sin convencer eso de tener que trasponer a lo hondo del pueblo para echar un ratico de feria. Cerca me pilla, claro, más que antes. Pero era más bonica en el paseo. Todo más a mano, disfrutabas tanto del pueblo como de la feria… No sé, era como más bonica.

Y la del ganao, claro. Esa abajo como siempre. Este año lo que si había era mucho animal, pero suelto. Y no sólo me refiero a los caballos que, angélicos míos, no tienen culpa de llevar encima a cada energúmeno con más vino encima que el Alfonso la semana que libra. Que si, que la feria es pa eso, pa jartarse. Pero con cálculos. Que igual que los animales equinos llevan a algún que otro animal encima, los de los coches ni te cuento. Ya no es sólo aparcar donde buenamente caiga el “ayga”, es salir trompeteando o como se diga. Casi le arranco a mi Lucía el brazo un par de veces con tal de quitarle de en medio cuando pasaba algún cafre de esos.

El arremate de la feria sí estuvo en condiciones. Como era el día del niño (y de las niñas) estuvo mi nietecica montándose como si la feria no fuera a volver en un año. Y así será. Primero en los coches de choque, luego en el toro. Que gracia tiene el jodío ese del torico cabreao, faltándose con todo el que se montaba, pero con mucha buena leche. Luego un ratico de tren de la bruja (que ahora en lugar de bruja tenía a dos payasicos también mu salaos), al mono hinchable a saltar y rematamos con el tiovivo. Clásico entre los clásicos.

Lo que ha sido pa nota han sido los músicos. Madre mía del amor hermoso. ¡Qué orquestas! Menos uno que namás tenía tios cachas y lucecicas, los demás tocando como toda la vida. Vaya arte que tenemos por aquí. Música un poco rarilla, de esa moderna. Pero mis buenos pasodobles que me marqué con mi prima la del Jacinto a media tarde.

Y como rezaba el anuncio ese que tenía la radio: “a falta de toros bueno es el fútbol”, nos acercamos al campo del mismo a ver al Alcalá jugar. No sé contra quien, ¿Qué más da? ¿Y lo bien que te lo pasas? Sólo faltaba el tío del toro mecánico para faltarse con más gracia aún con el árbitro. Empatamos. Empataron, creo. Pero, tras unos días de feria con la cañica a casi cincuenta duros y la morcilla a más de ochenta, se agradece eso de tomar por dos euricos escasos tu lata de cerveza y un lomillo de tapa.

Si es que no es normal lo que necesitan ahora los chavalines para entretenerse. Unos mil cacharricos, los más medianetes al botellón con más alcohol del que nos hemos podido tomar tú y yo en una semana. Antes con poquito nos conformábamos. Si no mira a mi grande, mi Luis. Ese se iba a la calle Real a por mocos de herrero y con eso jugaban un par de meses largos. Y lo mismo les servía de canicas que de perdigones para esentear con el tirachinas.

Al menos, cuando sean mayores, habrán disfrutado sus buenas ferias y se quedarán con lo importante: el chato de los maños.

Y dices tú de maños… ¡Chato! Échale maña al vermuth ese que tienes panza abajo y nos pones un par de vasicos, que tenemos más sed que un jinete en feria.

viernes, 9 de septiembre de 2016

La Vuelta al Cole



Pues sí, Matías, la vuelta al cole. Ya se ha pasado el verano y, casi sin darnos cuenta, estamos de vuelta a la rutina.

Y vaya rutina, para mí que he pasado más tiempo de entierros que de paseo. Ya, lo sé, es ley de vida. Pero le da a uno mucho que pensar.

Precisamente por eso me lo estoy pasando pipa con mi Lucía. La vuelta al cole es para ella todo un acontecimiento: vuelve con su seño, que apenas hemos visto un par de veces en todo el verano, con sus amiguetes (que el Miguelillo le hace tilín, se hacen tilín, aunque aún no tiene edad para darse cuenta) y, sobre todo, vuelven los horarios normales y corrientes.

Que no veas tú que veranico me han dado entre unos y otros. Creo que nunca he tenido más ganas de que llegara septiembre que este año.

Ahora toca esperar a ver qué horarios tiene cada uno. Y me lo huelo yo que voy a ser el taxista oficial de la familia. A tal hora llevar a la Lucía al cole, luego recogerla del comedor a las tres de la tarde. Pero antes recoger a Pedrillo que está en la guarde hasta las dos. Dejar a cada uno en su casa y, ya si eso, comer yo cuando encarte. ¿Tú crees que me han dicho de comer en casa de mis nenes? Ni uno. Namás me quieren pa dar portes de bambinos de arriba abajo.

A mí sí que me torean. Y eso que este año no tenemos toros, pero para eso están los abuelos. ¿Sabes qué te digo? Que chapeau. Nunca me ha gustado eso de matar bichos por gusto. Si hay que matarlos se matan, que to quisqui tiene el capricho de comer a diario. Pero… ¿Es necesaria tanta parafernalia? “Es que el todo vive de lujo cinco años, y sólo sufre unas horas. Las vacas están atadas a las máquinas toda la vida y de eso no te quejas” ´me decía el Antonio el otro día. ¿Y sólo por eso hay que matarlos así? No hijo, no. Fíjate en los ministros, que viven al tutiplén y no por eso hay que escabellarlos cuando acaban sus legislaturas.

Acuérdate, cuando teníamos la finca allí, tirando pa Santa Ana. Cinco perros como cinco soles. Y los cinco comidos, bebidos y estupendos. ¿Por qué sean míos les voy a dar matarile cuando se me antoje y encima regodeándome?

“Es que es cultura, y tradición: siempre se ha hecho así” me seguía comentando. Claro, y elegir moza para arrastrarla de los pelos tras darle un porrazo también era tradición. Pero hace ya tiempo de aquello.

Para arrematar la faena, valga la redundancia, me salió con lo de “a ver si van a tener los animales más derechos que nosotros". Hombre, más no. Los precisos. Pero no es ya que los tengan o no. Tampoco los tienen las hormigas, y no estaba bien eso que hacíamos para entretenernos de quemarlas con la lupa. Tenemos el sadismo metido en las carnes. O, más que sadismo, la superioridad enfermiza. Es obvio que, según nosotros mismos, somos superiores a las hormigas. Y a los osos, pero a esos no los quemamos con lupas.

Encima, hablando con mi nieta del tema, vino mi Antonio a decirme que no la adoctrinara. ¿Qué no la qué? Es hijo mío, pero a veces pienso que me lo cambiaron al nacer. Le he enseñado lo mismo que a mi nieta, pero sin embargo está más que indignado con que no haya corrida este año. Le iba a hacer un chiste, pero me parecía de mal gusto que un jubilado viudo hablara de corridas.

Pa corridas las de la subida a la Mota. No los pilotos oficiales, que esos tienen cabeza para embalarse sólo donde sea menester, sino la de los chavalines haciendo trompos en la rotonda de los autobuses y carreras avenida arriba y abajo. Un peligro, más de uno tenía que estar a la sombra.

Y dices tú de sombra, ponle el sol y me lo tomo ya, que hoy necesito un desayuno de los buenos, me quedan aún mil matrículas que hacerle a los nenes. Y a las doce volveremos a los cuarentaytantos grados, así que toca recogerse pronto. Otro día ya hablaremos del cambio climático.

MedioNormalidad



Pues sí Matías, vuelta a la medionormalidad. Y es que después de este Agosto no sabe ya uno lo que es normal o no.

Al final me lio mi Juan y me he terminado por mudar al sur. ¿Sabes en qué se parece a la zona norte? Pues más o menos en nada. Todo llanico, ni una mala cuesta a no ser que quieras ir al pueblo. Vamos, lo contrario que arriba, que las cuestas desaparecían al llegar a Alcalá. Y los edificios, ¿Qué me dices? Pasaba yo horas, ¡Años! Pateándome el llanillo, la calle Llana, la Veracruz, y todas esas; no había día que no encontrara un cierre que no había visto antes, o descubría una cornisa o un escudo heráldico en el que nunca había reparado.

Ahora estoy de lujo, no me puedo quejar. Pero se echa en falta ver algo más viejo que uno. Hasta las iglesias son modernas. ¿Dónde se ha visto eso? Claro, ahora soy yo el más viejo vaya casi adonde vaya. Y mira que hay sitios donde ir.

Cuando sí me alegro en por la noches. La noche no lo cambio por mi tejuela. ¡Qué fresquito! Y es que va a ser verdad eso que decían del barrio de avefrías: es cruzar la carretera de Montefrío y te tienes que echar una toquilla por los hombros pasadas las diez. Al menos se mantienen las buenas costumbres, y me saco mi silla a la puerta para charlar con los vecinos. Mientras haya aceras, no todo estará perdido.

Lo que si me ha venido de lujo, manque quede feo decirlo, es que un tuerto haya leído la programación de los festivales de agosto. Entre mudanzas y adaptaciones no pude ir a casi nada. Pero el karma ese que dicen los jipis parece que estaba de mi parte. ¿Qué no podía ir a ver al Menese en el flamenco? Pues, que en gloria esté, se dio de baja permanente. Si, hubo flamenco, pero ya no era igual. Ojalá lo hubiera podido ver, y más ojalá él hubiera podido cantar.

Mi Lucía deseando ir a ver al Barrio. Ya ves tú, que a mi estos modernos no me gustan demasiado, y además aún estaba terminando de pintar la puerta de la cochera. Pues se anula por no sé qué el concierto. Hala, otro problema quitado de encima. Brocha y al tajo.

Luego me compró entradas mi Antonio para los carnavales. A mi Paquita sí que le gustaban. Yo es que nunca me entero de lo que dicen. La mala leche sí, pero bien entendida. Eso de que se metan con todos los políticos y la gente popular, pero con gracia, me encanta. Pues nada, también se anuló y aproveché para terminar de pintar el patio  y ya tenía la casa lista.

Si no hay mal que por bien no venga. Lo que falta de un lado pues se pone de otro. Si no mira tú el ratejo más bueno que echamos el día de los fuegos. Volvimos a mi antiguo barrio (no hace ni un mes que me mudé, pero ya es antiguo), y sólo por volver a disfrutar del norte mereció la pena. Y a mi Lucía le encantaron los fuegos. ¡Si hasta pillamos sitio en Consolación! Todo porque unos decían que había, otros que no, otros cabreados porque no se enteraban de nada, otros diciéndoles que parecían tontos, que lo habían publicado en el Facebook… Yo si me enteré, porque en el fondo soy un modernillo. Pero evidentemente no todo el mundo tiene para leer estas cosas. Con cuatro carteles, un anuncio en el parte de la radio y otro en el periódico todos aviados.

Lo que ha vuelto este año ha sido el cine de verano. ¡Eso sí que me gusta! Fui yo solico a ver la guerra de las galaxias. Ya iba siendo hora, que la primera me la perdí porque estaba naciendo mi Antonio y luego no he vuelto a ir al cine. Otro día fui con mi Lucía a ver una de la cabeza por dentro de una muchacha de su quinta más o menos. “Al revés”, se llamaba. No me enteré muy bien de qué iba, pero la nieta se lo pasó bomba.

Y ahora de vuelta a la medionormalidad. Todos se han ido, cada mochuelo a su olivo. Y yo estrenando olivo. Así que no sabes lo que te agradezco que hayas bajado a hacerme una visita.

¡Manolo! Ponte otros dos quintillos. Pero ya sin tapa, que me he saltado la dieta por tres veces en lo que va de noche.