viernes, 22 de enero de 2016

De médicos



Pues si, Matías, de médicos que llevo toda la semana. Y por las cosas más tontas, como siempre. Primero con este invierno que susto me da pensar en cómo será febrerillo el loco. Que si el loco es este enero, febrero será de psicópata para arriba.

Así que entre la tos, los mocos, el pecho, los bronquios... Y mira que dejé el Ducados hace ya unas pocas décadas. De dos paquetes a ninguno. Dinero no se lo que ahorré, pero kilos fueron doce. Y dos años en perderlos. Pero se ve que el que tuvo retuvo y con apenas unos días de tener el pechico al aire me han dado todos los jamacucos que no he tenido en años.

Claro, antes mi Paquita no me dajaba salir sin la camisetica interior, camisa, jersey, rebeca, bufanda, boina, guantes, calzones de pana y, si hacía fresquete de más, el pijama debajo. Pero ahora ya, entre que salgo poco, y que la Claudia dice que eso de elegir la ropa es muy personal, pues no calculo.

Así que ahí que tiré, para el ambulatorio de la calle Utrilla. De ahí al de toda la vida. De ese al chare. Del chare al de toda la vida. Y al final un puñado de pastillas porque no había máquina para hacerme pruebas.

¿Pero qué pruebas? ¿No me conoceré yo bien en tantos años? Sudores de pecho después de un buen par de anisetes secos ase Pepillo y a dormirla con la bata puesta. Mano de santo.

De hecho las recetas que me dieron, evidentemente, se quedaron ahí, en la tarjeta esa. Creo que con todo lo que no he usado, si me lo dieran en cuartos, tendría para comprarme un haiga nuevo.

Y no es que el pandilla vaya mal. Pero vaya susto que nos dio el domingo.

Estaba terminando de esmogar las habichuelillas que me trajo la Puri (nos cambiamos tomates y papas por habichuelillas y guisantes, así tenemos los huertos a pleno rendimiento) cuando me llama mi Antonio: ¡Papaaaaaa!!! Que la Lucía se ha puesto mala y estamos todos trabajando. ¿Puedes pasarte a por ella, que mi suegra no está pa salir de casa, y llevarla al médico?

Ya sabes tu que yo por mi Lucía hago lo que haya que hacer. Así que me metí en la cochera, saqué todos los bártulos que tenía por medio, le quité la sábana al Panda y arrancó el muy mamón a la primera. Feo como el solo, todo hay que decirlo. Pero no pasándolo de 80 va como un señor.

Mi consuegra ahí retrepada, en el sofá. “¡Ayyy! Que si la espalda, que si la rodilla, que si el dedo gordo del pie, que si la ceja derecha...” Total, que cogí a mi Lucía y la monté el el coche para llevarla al médico. ¿A que parece fácil? Pues nada. Me montó una la niña, y eso que es mi preferida, pero ganas me dieron de dejarla allí. Primero que el coche no tenía asiento para niños. ¿Asiento para niños? Ahí hemos ido los siete y sin problema: Los tres grandes detrás, yo conduciendo, mi Paquita con el pequeño en brazos y el siguiente alternando de falda a falda de sus hermanos. ¡Y nunca ha pasado nada!

Pero en fin, como la niña estaba mala pues había que darle el capricho. Con el tres puertas montar la silleta que tiene Antonio y la cochera y meter a la niña me costó... una media hora y unas cuantas hernias. Llegamos al hospital, el que hay debajo del cementerio, y meramente costaba diferenciar uno de otro. Se ve que un domingo a las once de la noche no es hora de ponerse malo.

Vamos al otro, al de toda la vida. Lucía sudando como un pollico vivo por eso de la fiebre. Nos atienden nada más entrar. Había tres delante, pero pasaban a un ritmo que daba gusto. Y en estas que no había pediatra, así que el médico confesó que no estaba capacitado para atenderla en condiciones. Un jarabe y para casa. Por lo visto es el de siempre. De hecho hasta me regañó por no habérselo dado. ¿Tu sabes que echarle al geranio cuando le salen piojos? Pues por las mismas no tengo yo porqué saber esas cosas.

Total que si, atendidos rápido y más o menos bien. Si a esas horas entiendo que el pobre chaval estaría hasta los mismos de estar allí, que luego me contó que rondaba las veinte horas de guardia. Mucho es que estuviera de pie.

Y esperemos que para la próxima tengamos ya el chare en condiciones. Que según dicen este mes, sin falta se abre.

Dices tu de abrir, ¡Jefe! Ábrete unos quinticos que aquí mi Matías y yo estamos más fritos que el bacotón.

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