sábado, 9 de enero de 2016

Ya pasó todo

Pues si, Matías: ya pasó todo. Por un lado deseando que se fueran todos, y por otro manteniendo la esperanza de que alguno dijera de quedarse.

Y no es que esté mal, ni mucho menos. Pero ¿Qué quieres que te diga? Eso de que a uno le traigan el pan y el periódico a casa de vez en cuando tiene su cosa.

Muy intensas estas Navidades, no se me ocurre otra forma de describirlas. De primeras fetén: mis cuatro niños con sus señoras y los nietos se acomodaron en casa relativamente rápido. Algún disgustico hubo, para qué te voy a engañar. Que si el Antonio quería la cama grande, que si el Juanico la de la ventana. Ya ves tu, birria de casa que tengo y encima se pelean por el mejor sitio. Pero al final terminaron por acomodarse.

Las dos cámaras de arriba, donde mi Paquita que en gloria esté colgaba los salchichones, llenas de colchones en el suelo. Que menos mal que han traído algunos. Suelo ser previsor, pero si vienen tres o cuatro. Para esta marabunta no está preparado ni el Zacatín ni el Torrepalma juntos. Y con todo y con eso cada nieto tenía su sitio preferido. Evidentemente no era el que le tocó, así que ahí los tuvimos, toda la tarde del veinticuatro cambiándose las camas como si fueran cromos.

Y luego mejor que mejor. ¡Si hasta yo me sorprendí! En mitad de la cena, que entre lo que pedimos del cáterin, lo que la Claudia me dejó preparado. ¿Te he dicho que esta muchacha vale su peso en oro? Con decirte que, con lo agarrado que soy, le pago yo un extra. Y es que desde la agencia apenas le pagan mil peseticas la hora. Y me saca de la cama, me pone el desayuno, a media mañana se va porque tiene un puñado de casas que limpiar, pero luego vuelve a media tarde y me friega los platos que me han quedado. Yo mira que trato de limpiarlos todos. Pero siempre aparece un vaso por ahí escondido y ya me da pereza. Y después, no se ni cuantas horas llevará la pobre, llego a casa tras el chatico de media tarde y me tiene la cena lista. Pero lista y caliente, ojo, que la pobre se espera hasta asegurarse que me quedo bien en casa. Si tuviera yo doscientos años menos, y no tuviera a la Paquita tan presente... nada, ni por esas me merecía yo a esa joya.

El caso es que la comida, entre unos y otros, a tuttiplén. Y además lo preciso: ni faltó ni sobró mucho. Lo justo, eso si, para haber comido yo solico estos días. Pero poco más.

Mi Juanico es de los míos, pero mi Antonio es de esos que vive la política como el fútbol, y viceversa. Así que contri salió el tema traté de hacerme el olvidadizo e irme a la cocina. ¿Tu sabes la que lías estos dos pazguatos cuando cada uno tiene las del universo y el otro es el imbécil? Pues mira tu por dónde que no. Se ve que los resultados tan parejos ha sido en todos los aspectos. De hecho parecía que se echaban flores el uno al otro: Los tuyos esto no, pero aquello si lo han planteado de una manera estupenda. Pues igual los tuyos, que el tema este lo tienen mucho mejor currado que nosotros, pero sin embargo en tal otro hacen aguas por doquier”...

Así que, para mi asombro, la nochebuena fue lo que en años no había sido: una noche buena. Y para nochevieja me dejaron a los chaveas en casa. Total, ¿Cuantos nietos? Son sólo nueve... ocho. A mi Lucía no la cuento porque es como de la casa y me ayuda tanto que si mi Paquita estuviera aquí la hubiera ya matado a besos lo menos catorce reencarnaciones. El caso es que me dejaron a la jauría para irse ellos de parranda. Con dos... copas de más. De hecho no habían dado las cinco cuando estaban todos de vuelta. ¡Qué poquito aguante! ¿Te acuerdas tu cuando íbamos nosotros a Mures, de ahí a Frailes, vuelta al pueblo...? Los churros a las diez, y aún con el copazo en la mano. No, no es ejemplo para los nietos, pero ahí queda la cosa.

Y en la cabalgata, cuando no solo iba a ejercer de abuelo, sino a disfrutarlo como está mandado... Llueve, graniza, nieva ... y todo seguido, en apenas un cuartico de hora. Y yo con el paraguas panza abajo pa pillar caramelos. Cuando dije de taparnos fue casi peor. Menos mal que el mío es de los de a metro y medio de diámetro, y entre aquí y allí se me recogieron todos los nietos debajo. Eso si, llegué a casa con los pies hechos tomiza, y los nietos que parecían Tarzán.

Y hoy, nada. Todos se han ido y sólo tengo sobre la mesa del salón un libro envuelto en papel de regalo que pone “Claudia”. He intentado dejar la casa lo mejor posible, que bastante tiene la pobre fuera como para echar aquí tantas horas. Ni un ruido, ni una canica por el suelo... nada.

Bueno, si, esto para tí. Que también había una cosica envuelta que ponía “Matías”. Pero ábrelo rápido que este lomo embuchao ibérico se pone manío muy pronto. ¡Jefe! Déjate a mano una botellica de semi y una navaja, que aquí mi colega y yo tenemos mucho que celebrar.

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