viernes, 19 de febrero de 2016

El Bronx



Pues si, Matías: El Bronx parece esto. Y mira que hace poco salió un estudio de esos que decía que en temas de seguridad estábamos por debajo de la media de Jaén. Y no digo que no, cuidado, que aquí se vive más o menos tranquilo. Pero es que parece que estaban esperando a sacar el estudio para empezar a delinquir y no echar al traste las estadísticas.

Que si un día roban una moto, que si otro la queman, que si a navajazos, … Y todos de aquí, que no me sirve la excusa que ponen algunos diciendo que todo es culpa de los que vienen a la aceituna.

Me acuerdo yo cuando éramos mozuelos. Que sí, que había peleas cada dos por tres, y algún que otro robo. Lo mismo este mataba a aquel de vez en cuando. Pero menos. Bien es verdad que había menos población, pero también menos delitos.

Yo siempre he sido muy confiado. Hasta dejaba el hayga en la calle cuando tras dos años me lo asignaron. Pero claro, la Paquita eso no lo podía consentir: “que si no te lo quitan te lo dejan puíco los palomos o lo mismo le cae un rayo y a la mierda los ahorros”.

Total, que tuvimos que hacernos la cochera. Yo no acababa de verlo: tirar tabiques, el portón... Pero vino el gordo frescuras y en dos días teníamos la cochera terminada. Eso y un doctorado en política. Si cuando dicen que el que habla solo es porque no tiene albañiles no les falta razón.

Aunque lo hice más por contentar a mi Paquita que por el coche. Si en la puerta del Ferreira lo aparcábamos con las llaves y todo, y al que le estorbaba lo quitaba y punto. Era más por civismo y respeto que por otra cosa.

Ahora vas por la calle y ves papeleras rotas, frases desagradables en las pareces, cacas de perro por todas las aceras.

Vaya si hemos mejorado, en mil cosas. Pero en convivencia me parece a mí que nos queda aún un buen trecho. Antes se compartía más y ahora fumamos como los de Alcaudete: cada uno de su paquete.

Hasta el tiempo parece que se ha vuelto loco. Si no tuviera el almanaque del banco en la cocina habría días en los que no te podría decir ni el mes. Toda la semana rondando los veinte grados y un fin de semana que no le entra al demonio por el culo. Tormentas, granizos, agua a mansalva (que bienvenida y bendita sea) y un viento que casi se me lleva la uralita del patio.

Es como la peli esa que viaja el muchacho en el tiempo. Amanecemos en pleno invierno, tenemos una mañana de primavera, una tarde casi de verano y conforme se pone el sol se viene Siberia a la altura de Charilla.

Al menos no ha nevado como hacía antes, que casi nos quedábamos incomunicados. Y ya de todos modos con tantos ordenadores y tantos interneses casi que no hay que salir de casa ni para ir a trabajar. Para algunas cosas da gusto, la verdad. Pero para otras... no se, qué quieres que te diga. Yo prefiero venirme aquí contigo a echar cuatro raticos que no pasarme la tarde charlando con gente que lo mismo está la casa abajo que más allá de la Rioja.

Dices tu de Rioja, ¡Jefe! Echa unos tinticos de esos, que con este oraje hay que calentarse por dentro y por fuera.

viernes, 5 de febrero de 2016

De Candelaria



Pues si Matías, de Candelarias que estuve. Y es que no hay nada más sano que eso de estar en la calle. Fui a la de Consolación, que es la que me coge más cerca. ¿Te acuerdas cuando “hacíamos las estaciones” de lumbre en lumbre? Pero ya no está uno para esos trotes. Candelaria, San José, … Mientras se pueda calentar uno por dentro y por fuera, dónde haga falta.

Poco rato estuve. Y es que a estos sitios gusta ir acompañado. Y sí, había mucha gente. Estuve un rato charlando con Segundo, otro con el chaval ese de los ordenadores, otro con el sevillano… Vamos, que por compaña que no sea. Pero es que febrero siempre ha sido el mes de mi Paquita, y cada año me cuesta más salir a estos sitios sin ella.

Y más en carnavales, ¡Anda que no le gustaban! Si para ripios y coplillas era la mejor. A mí me sacas del “No hay quién le toque el culo a la tía Micaela” y pocos chascarillos más me sé. Pero ella… que penica que no supiera escribir ni tuvieramos entonces el internet este que tengo yo hoy. Fijo que se hacía una blogera de esas que hasta le pagan por meter anuncios.

Quitando los años que no había carnaval, que por fortuna pasaron ya, el resto no se perdía ni uno. Al ayuntamiento, al pasacalles, a cada actuación que hicieran. ¡Ni una se perdía! Y lo que le gustaba disfrazarse, y vestir a los niños de cualquier cosa. Hay trajes, fíjate lo que te digo, que han usado ellos más que yo. Y mi mascotilla siempre, para el Antonio que le encantaba ir de “patriarca”: Con mi mascota, el garrote y un mostacho de rotulador de oreja a oreja.

La verdad es que se desquita uno estos días. Entre la almorzá de vino, y eso de poder meterte con cualquiera, en la mismitica gloria te quedas. Pero siempre con respeto y educación, eso ante todo. Todo el año viendo en el parte cómo se ríen los políticos de nosotros, ya iba siendo hora, aunque sean apenas unos días, de que nos tocara a nosotros hacerlo.

Pero a nosotros, el pueblo llano, no entre ellos. ¿No leíste lo del pleno del otro día? A mi me encanta que la gente sea feliz y se ría mucho. Aunque con otra gente, no de ella. Y menos si se supone que son compañeros de trabajo.

Quitando las añoranzas, viene siendo febrerillo el loco de mis meses preferidos. Tienes un poco de todo: lo mismo te dan vino en la puerta de la iglesia que ponen a los palomos más elegantes que un novio o te encuentras al más serio del barrio disfrazado de payaso.

Sí es verdad que echo en falta los cupleses que se inventaba la Paquita, con los niños en el patio vestidos de lo que hubiera en el arcón. Pero es una falta de esas que te animan a salir más aún y tratar de disfrutar estos días por dos. Y el domingo, para celebrar que empezaba el mes, me hice un pleno al quince: caña en el Pireo, mi pollo del Chaparrita, y una siesta de las de pijama orinal y amanecer anochecido.

Ahora ya si ha empezado el año. Enero es más de prueba, más para rematar lo que quedara del anterior. Pero con febrero ya si se empieza y con las pilas bien cargadas.

Y hablando de cargar, ¡Maestro! Cárganos los quinticos que nos tienes más vacíos que el chare.