viernes, 5 de febrero de 2016

De Candelaria



Pues si Matías, de Candelarias que estuve. Y es que no hay nada más sano que eso de estar en la calle. Fui a la de Consolación, que es la que me coge más cerca. ¿Te acuerdas cuando “hacíamos las estaciones” de lumbre en lumbre? Pero ya no está uno para esos trotes. Candelaria, San José, … Mientras se pueda calentar uno por dentro y por fuera, dónde haga falta.

Poco rato estuve. Y es que a estos sitios gusta ir acompañado. Y sí, había mucha gente. Estuve un rato charlando con Segundo, otro con el chaval ese de los ordenadores, otro con el sevillano… Vamos, que por compaña que no sea. Pero es que febrero siempre ha sido el mes de mi Paquita, y cada año me cuesta más salir a estos sitios sin ella.

Y más en carnavales, ¡Anda que no le gustaban! Si para ripios y coplillas era la mejor. A mí me sacas del “No hay quién le toque el culo a la tía Micaela” y pocos chascarillos más me sé. Pero ella… que penica que no supiera escribir ni tuvieramos entonces el internet este que tengo yo hoy. Fijo que se hacía una blogera de esas que hasta le pagan por meter anuncios.

Quitando los años que no había carnaval, que por fortuna pasaron ya, el resto no se perdía ni uno. Al ayuntamiento, al pasacalles, a cada actuación que hicieran. ¡Ni una se perdía! Y lo que le gustaba disfrazarse, y vestir a los niños de cualquier cosa. Hay trajes, fíjate lo que te digo, que han usado ellos más que yo. Y mi mascotilla siempre, para el Antonio que le encantaba ir de “patriarca”: Con mi mascota, el garrote y un mostacho de rotulador de oreja a oreja.

La verdad es que se desquita uno estos días. Entre la almorzá de vino, y eso de poder meterte con cualquiera, en la mismitica gloria te quedas. Pero siempre con respeto y educación, eso ante todo. Todo el año viendo en el parte cómo se ríen los políticos de nosotros, ya iba siendo hora, aunque sean apenas unos días, de que nos tocara a nosotros hacerlo.

Pero a nosotros, el pueblo llano, no entre ellos. ¿No leíste lo del pleno del otro día? A mi me encanta que la gente sea feliz y se ría mucho. Aunque con otra gente, no de ella. Y menos si se supone que son compañeros de trabajo.

Quitando las añoranzas, viene siendo febrerillo el loco de mis meses preferidos. Tienes un poco de todo: lo mismo te dan vino en la puerta de la iglesia que ponen a los palomos más elegantes que un novio o te encuentras al más serio del barrio disfrazado de payaso.

Sí es verdad que echo en falta los cupleses que se inventaba la Paquita, con los niños en el patio vestidos de lo que hubiera en el arcón. Pero es una falta de esas que te animan a salir más aún y tratar de disfrutar estos días por dos. Y el domingo, para celebrar que empezaba el mes, me hice un pleno al quince: caña en el Pireo, mi pollo del Chaparrita, y una siesta de las de pijama orinal y amanecer anochecido.

Ahora ya si ha empezado el año. Enero es más de prueba, más para rematar lo que quedara del anterior. Pero con febrero ya si se empieza y con las pilas bien cargadas.

Y hablando de cargar, ¡Maestro! Cárganos los quinticos que nos tienes más vacíos que el chare.

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