sábado, 19 de marzo de 2016

Semana Santa

Pues si, Matías. De Semana Santa que estamos ya. No es que me parezca mal, evidentemente. Que no son pocos los turistas que vienen y se pone el pueblo que da gloria verlo. Pero es que cada año llevo peor eso de que me cambien las rutinas.

Con mi Paquita era distinto. Eran pasar los carnavales y ya estaba pensando en la Semana Santa. Lo más importante la ropa nueva para que los niños la estrenaran el Domingo de Ramos, que si no se le caían las manos o algo así.

Pero eso eran antes, cuando era por la mañana y tenían todo el día para lucir sus saquitos nuevos. Ahora sacan a la borriquilla por la tarde. Yo, sinceramente, si tuviera que hacer un viaje en bestia, a las seis de la tarde estaba ya acostado y descansando el coxis para la siguiente jornada. Pero ¿Quien soy yo para decidir a que hora sacar o meter a un santo?

Me acuerdo de un año que mi Antonio salió de costalero con la borriquilla. Por la mañana, claro. ¡Más guapo iba el chaval! Con sus pantalonicos azul marino y su camisa blanca. Y al encerrarla a coger flores del trono para dárselas a las zagalas. No pasó vergüenza ni na cuando fui a buscarlo y me lo traje mientras los amiguetes se partían de la risa.

Y es que era de las pocas veces que venía toda la familia a comer, y había que organizarse. Aunque eso no era nada comparado con el viernes. Ahí ya se liaba una que parecía que la Paquita le estaba haciendo comida para media legión con cabra incluida: Potaje de bacalao, tortilla de collejas, otra de espárragos, buñuelos, torrijas, y no se qué mil cosas más. Y eso si sólo venían mis hermanos y los suyos. Si venían ya los abuelos y el resto de primos faltaba cocina, mesa y panza para echarlo todo.

Ni un mal torrezno. Eso es lo que peor llevaba yo.

Total, que echabas el domingo y una cosa quitada de enmedio. Ya hasta el martes descanso. Esa era la preferida de mi Paquita, la Esperanza, como su madre. A mi me gustaba más el miércoles, por eso de pasear por los arrabales de la Mota con el Via Crucis. La de años que estuvimos allí viviendo y el poco caso que se le hace ahora a toda esa zona. Quitando estos días sólo pasan cuatro turistas despistados y los pocos vecinos que quedan.

El jueves, al menos antes, le respetaban a uno la mañana. Salvo que vivieras junto a algún hermano mayor y llegaran los tambores en pos su aguardiente mañanero. Y por la tarde otra vez a emperifollar a los niños para salir de procesión.

El peor día, sin lugar a dudas, el viernes. Un no parar desde que se levanta uno hasta que se acuesta. Que si este sale de aquí, que si aquella de allí, que si vemos el encuentro siguiendo a uno, que si mejor al otro,... Yo intentaba siempre ir rápido para verla entera, y de vez en cuando le preguntaba al Peña que cuanto quedaba: “pu-pu-pues contri que se encie-cie-cierre el último tos pa ca-ca-casa”.

¡Y ya está! O estaba. Mi Paquita no lo llegó a conocer y yo hace años que ya no salgo de procesiones. Pero ya hasta el domingo tenemos. Un no parar.

Y entre estas se queda uno que ni puede sacar la derbi campera de la cochera según a que horas, ni puede echarse un vinico en condiciones porque está todo lleno, ni tomarse una tapa porque, de poner algo, unas patatillas dealva y gracias.

Así que, aprovechemos el momento y que nos llenen, que pasando San José veremos a ver cuando nos veremos en otra.

viernes, 4 de marzo de 2016

Esgobernaos



Pues si, Matías, esgobernaos que estamos, y pa dos mesecicos ya. Y la cosa es que no se ve uno tan mal, para qué engañarnos. Y eso es lo peor, que se da uno cuenta de que la maquinaria puede seguir funcionando aún sin patrón.

Aunque claro, no es de ley, evidentemente. Lo suyo es que hubiera salido todo a la primera. No por nada, sino porque es a lo que estamos acostumbrados. ¿Te imaginas que pasara lo mismo en el pueblo? Bueno, sería mucho imaginar, pero ya puestos sería más que curioso.

Lo mismo los jóvenes lo tienen más claro, que están acostumbrados a eso de tirar las cosas cuando se rompen y comprar una nueva. Pero a nosotros, que hemos zurcido más que comprado, y gastado más en aguja e hilo que en camisas y pantalones, todo esto nos viene largo.

Si, ya se lo que me vas a decir, que los tuyos tuvieron más votos y deberían de estar ya gobernando. Y ahora viene cuando me echas en cara que los míos no son ni para apoyar al segundo. Pero hemos llegado ya a un punto que los de aquí se pelearon con los de allí, pero luego pactaron con los de allá, así que los de acullá no se hablan con los de aquí dejando como única opción que los de allí bloqueen a los de aquí pero con los de acullá en lugar de con los de allá.

Y no te digo que no, ni tampoco que sí. Sinceramente no se ni qué decirte, esto es un sindiós desorquestao que no tiene visos de arreglarse. ¿Otras elecciones? Lo mismo nos da por el “virgencita que me quede como estoy” que por el “visto lo visto tiramos pal monte”. Así que nada, a esperar a ver cómo termina la cosa.

Aunque no dejan de ser meros trámites, porque lo que está en marcha está y eso no hay más narices que finiquitarlo. El Chare dicen que se abre en abril. Lo que no se es si dijeron “este abril” o “un abril”, pero bueno, la cosa es que tenemos ya una fecha “sin falta”, otra fecha, me refiero. Esperemos que esta sea la buena, tarde o temprano acertarán.

Y tenemos unas carreteras donde raro es el mes que no entrega uno la cuchara, que eso da igual quien mande, hay que ponerle remedio si o si.

Lo que si tenemos, que por eso somos así de modernos, son titulares de prensa con discusiones en Facebook. Yo eso lo leo hace unos meses y me lo tienen que explicar. Ya no, que soy un ceeme de esos, un experto en redes sin tener que tener barca, todo un lujo.

Pues resulta que el chavea de IU estaba celebrando la salida de Otegi de la cárcel. Pues mira, qué quieres que te diga, chapeau por él. No vamos a entrar en detalles, pero entró por lo que entró y por las mismas tenía que haber salido hace ya tiempo.

Demasiado odio es lo que hay. Mucho. Míranos a nosotros: cada uno de su padre y de su madre y llevamos siendo los mejores amigos lo menos sesenta años. Hay que quererse más, y alegrarse por los otros que es muy sano. Y besarse y abrazarse, como el coletas y el polaco. O no, cada uno a su modo y manera, pero si que hace falta más cariño y comprensión.

Si no mira tu, ya que has dicho del Chare, la que se lió porque en Loja si lo abrieron. ¡Cojonudo por ellos! Eso si, ahora a luchar por el nuestro, pero nunca quejarnos de que a otros les vaya mejor.

Compartir, alegrarse, quererse y darse un caprichico de vez en cuando. Esa es la clave.

Y hablando de caprichicos, ¡Que estamos en la VII Ruta de la Tapa! ¡Pepe! Ponte un par de vínicos del pueblo y unas tapas de esas de lujo que te crujo, que un día es un día.