viernes, 15 de abril de 2016

Hasta las Muelas



Pues sí, Matías, hasta las muelas nos van a quitar ya mismo. Y es que no hay día que no salga en el parte lo que se ha llevado uno o lo que se ha llevado el otro. Luego, claro, no queda para lo que realmente importa. Así nos tienen, con veinte mil duricos escasos al mes, y todavía teníamos que darnos con un canto en los dientes.

Para rematar sale el otro día lo del Panamá. Que parece de chiste. Los que se llenan la boca con España y la necesidad de protegerla, son los que se llenan los bolsillos entre aquí y ultramar. Con tanto avaro y codicioso van a faltar fantasmas estas navidades que les enseñen lo que realmente importa.

Lo que no entiendo yo es exactamente para qué lo quieren. ¿Compran fincas? ¿Le compran el pisico a sus hijos o le preparan la boda? Nada, sólo llevárselo que no lo vea hacienda y ya está. Casi todos son todos famosos y conocidos. Esta gente ni paga en los restaurantes, que seguro que los invitan y luego cuelgan la foto en la pared para chulear de la selecta clientela.

Si al menos fueran jóvenes se entendería. Me mataba yo de mozuelo para juntar y pillarme la Sanglas. Y luego para empezar a vivir en condiciones con mi Paquita. Después los niños, claro: ropa, estudios, … Ahora ya, para mi sólo, con mi casica pagada, mis ahorricos para lo que me queda y el resto repartido, ¿Qué más quiero?

“Pues una novia, papa”, decía mi Antonio el otro día. A puntico estaba de llamar al Juan Imedio para que me encasquetara a una de Alcaudete muy maja que salió. No me veo yo, la verdad, a estas edades inciertas que tenemos volviendo a casarme o arrejuntarme. ¡¿Qué diría mi Paquita?¡

Esas cosas se las dejo a Jacinto “el biergos” que me contaba el otro día, con la mala leche que lo caracteriza, que había devuelto a la tercera. El muy borrico llama día sí día también al Imedio para quedar con las mozuelas. Pero vamos, como el que va al Cachas a comprar fresas. Luego claro, que si a una no le gustaba bailar, que si la otra no quería venirse a Alcalá y a este no lo saca de aquí nadie, que si la que no fumaba resulta que salía a cartón de Ducados a la semana... Vamos, un sindios. Pero al menos está entretenido. Y apenas las devuelve (como dice él), ya está otra vez mirando el Canal Sur en busca de su siguiente víctima.

Por lo menos Jacinto no necesita chismes raros ni nada. Que no sabes tu lo que hay por ahí. El otro día me echaba mi menta poleo con chorreoncico anisado en las Catacumbas y me puse a charlar con Vale el que repara las teles. Madre mía del amor hermoso. Empezó a contarme los cachibaches que tiene allí en lo suyo. Sechó o sexchó o algo así que se llama. ¡Qué susto! Te puedes comprar un señor o una señora por cachos. Un pitucho, un totete, unos senos. Es como las colecciones de las revistas, pero en criaturas. Y potingues, ungüentos, … Y no es que sea porque uno esté solo o le falle lo suyo, que hasta las parejas van a por complementos para alegrar el avío.

Lo mismo a los de Panamá esos le vendría bien un poco de alegría pa sus cuerpos. Con máquinas o lo que sea. Pero fijo que si están alegres y felices pasan más tiempo disfrutando que contando y escondiendo los cuartos.

Y hablando de cuartos: tres vinicos llevamos y si no son pares no sientan bien. ¡Maestro! Llénate por aquí, y se lo apuntas a los de Panamá que se estiren un poquillo.

viernes, 1 de abril de 2016

De Vuelta al Olvido



Pues si  Matías, de vuelta al olvido. Es pasar la Semana Santa y a los del casco antiguo si te he visto no me acuerdo. Y eso que este año dicen que ha estado de lujo. Yo no sé qué decirte, poca gente me ha parecido ver por las calles. ¡Si hasta el viernes santo pude atravesar el llanillo! Por la acera del sol, eso sí, pero creo que es de las pocas veces que lo he logrado.

Y pasan las procesiones y tras ella la limpieza. Chapeau, hay que reconocer que limpico como la patena dejaron la calle y alguna de las colindantes.

Pero no los recorridos de las procesiones, sólo la parte chachi que dirían los jóvenes. Igual que en el llanillo no queda resto de cera, en la calle llana no sólo sigue ahí para escurrimiento de los viandantes, sino que encima han quitado algunos contenedores. ¿Para las procesiones? No lo sé. El caso es que hay hasta un cartelico que lo anuncia. Han quitado los contenedores, pero la basura sigue estando en la misma esquina. ¿Sin contenedores no se recoge? Espérate tú a que vuelvan los días de calor, a ver quién tiene narices (y nunca mejor dicho) de pasar por la esquina de la llana y la Veracruz.

Pero volviendo a la gente en semana santa, no se yo si será por el alumbrado, por la crisis, o por lo que sea. Pero yo sinceramente he visto menos barullo que en otros años. Los bares llenos, puede ser, pero no mucho más que cualquier fin de semana. Y sólo los que rondan los recorridos.

Eso sí que es una pena. No que es yo necesite ir de bar en bar, pero siempre gusta echar un vínico mientras esperas al cristo o la virgen de rigor. Mi Antonio, que era el más espabilao, siempre que llegábamos al llanillo a ver los santos decía “papa, que subo un chispo a la Carcoma y ahora vengo, que tengo sed”. Y vaya si tenía que tener sed el gachón, que al día siguiente se lo encontraba mi Paquita cuando venía de la añeja con la leche para las torrijas. Y el Antonio también, con las torrijas, pero otras.

Y es que es pasar estas fiestas, o el día de la virgen, y por el norte y el casco antiguo sólo aparecemos los de siempre. Por lo menos somos aún muchos, y nos hacemos nuestras estaciones para quedar bien con todos. Pero hasta para comprar unas lechugas ya tienes que bajar al pueblo. Antes era para cuatro papeles y poco más, pero ya hasta para el pan. Menos mal que aún pasa el panadero, el de los quesos y alguno más para que no tengas que salir mucho el día que no apetezca.

O el de las fresas. Madre mía como me puso la cabeza el gachó. Yo no sé quién sería, pero tenía un megáfono que ni los Flash en sus mejores tiempos. Y unos precios de escándalo. Claro, que era pasar la policía y salir por patas para aparecer a los diez minutos en la calle de al lado. Que si, que cada uno tiene que ganarse la vida como  pueda. Pero en igualdad de condiciones.

A nuestra edad se ven las cosas de otra manera. Y mira, no te voy a engañar, casi que me da hasta alegría que haya pasado la semana santa. Podemos entrar y salir de casa cuando queramos, no tenemos que arrevolver medio pueblo por las calles cortadas, y nos dejan nuestro taburetico para cuando queramos para a repostar. ¿Qué más se puede pedir?

Pues eso, que a pedir. ¡Jefe! Dos vasicos de vino de los grandes, el color ya lo eliges tú.