viernes, 1 de abril de 2016

De Vuelta al Olvido



Pues si  Matías, de vuelta al olvido. Es pasar la Semana Santa y a los del casco antiguo si te he visto no me acuerdo. Y eso que este año dicen que ha estado de lujo. Yo no sé qué decirte, poca gente me ha parecido ver por las calles. ¡Si hasta el viernes santo pude atravesar el llanillo! Por la acera del sol, eso sí, pero creo que es de las pocas veces que lo he logrado.

Y pasan las procesiones y tras ella la limpieza. Chapeau, hay que reconocer que limpico como la patena dejaron la calle y alguna de las colindantes.

Pero no los recorridos de las procesiones, sólo la parte chachi que dirían los jóvenes. Igual que en el llanillo no queda resto de cera, en la calle llana no sólo sigue ahí para escurrimiento de los viandantes, sino que encima han quitado algunos contenedores. ¿Para las procesiones? No lo sé. El caso es que hay hasta un cartelico que lo anuncia. Han quitado los contenedores, pero la basura sigue estando en la misma esquina. ¿Sin contenedores no se recoge? Espérate tú a que vuelvan los días de calor, a ver quién tiene narices (y nunca mejor dicho) de pasar por la esquina de la llana y la Veracruz.

Pero volviendo a la gente en semana santa, no se yo si será por el alumbrado, por la crisis, o por lo que sea. Pero yo sinceramente he visto menos barullo que en otros años. Los bares llenos, puede ser, pero no mucho más que cualquier fin de semana. Y sólo los que rondan los recorridos.

Eso sí que es una pena. No que es yo necesite ir de bar en bar, pero siempre gusta echar un vínico mientras esperas al cristo o la virgen de rigor. Mi Antonio, que era el más espabilao, siempre que llegábamos al llanillo a ver los santos decía “papa, que subo un chispo a la Carcoma y ahora vengo, que tengo sed”. Y vaya si tenía que tener sed el gachón, que al día siguiente se lo encontraba mi Paquita cuando venía de la añeja con la leche para las torrijas. Y el Antonio también, con las torrijas, pero otras.

Y es que es pasar estas fiestas, o el día de la virgen, y por el norte y el casco antiguo sólo aparecemos los de siempre. Por lo menos somos aún muchos, y nos hacemos nuestras estaciones para quedar bien con todos. Pero hasta para comprar unas lechugas ya tienes que bajar al pueblo. Antes era para cuatro papeles y poco más, pero ya hasta para el pan. Menos mal que aún pasa el panadero, el de los quesos y alguno más para que no tengas que salir mucho el día que no apetezca.

O el de las fresas. Madre mía como me puso la cabeza el gachó. Yo no sé quién sería, pero tenía un megáfono que ni los Flash en sus mejores tiempos. Y unos precios de escándalo. Claro, que era pasar la policía y salir por patas para aparecer a los diez minutos en la calle de al lado. Que si, que cada uno tiene que ganarse la vida como  pueda. Pero en igualdad de condiciones.

A nuestra edad se ven las cosas de otra manera. Y mira, no te voy a engañar, casi que me da hasta alegría que haya pasado la semana santa. Podemos entrar y salir de casa cuando queramos, no tenemos que arrevolver medio pueblo por las calles cortadas, y nos dejan nuestro taburetico para cuando queramos para a repostar. ¿Qué más se puede pedir?

Pues eso, que a pedir. ¡Jefe! Dos vasicos de vino de los grandes, el color ya lo eliges tú.

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