sábado, 16 de julio de 2016

Agotaíco


Pues sí, Matías agotaíco. Y es que esto de las vacaciones es un no parar. Y por mi estupendo, que conste, porque según los mozuelos sólo trabajamos en verano: diez meses de vacaciones al año, y sólo dos a trabajar cuidando nietos.

También es verdad que los jóvenes de ahora se las ven y se las desean para tener a los pequeñicos entretenidos en verano. Lo de las guarderías regular, la piscina vale sus cuartos,… El otro día me medio regañaba uno diciendo “¿Y tú cómo criaste a tus hijos? Pues estos nuevos que aprendan”. Pues muy fácil, criaturica. Porque mi santa Paquita que en gloria esté pasaba treinta horas al día en casa con cuatro nenes, las dos pequeñas y hasta los nietos conforme iban llegando. Ahora trabajan todos los que pueden de la casa, pa darse con un canto en los dientes, y ni por esas me llegan a final de mes.

Cierto es que todo ha cambiado mucho. El año aquel que tuve yo el accidente ¿Te acuerdas? La Paquita se tragó ella sola toda la temporada de las cerezas. Y yo en casa, con la pata tiesa y ya dos nietos a los que entretener. Pero no pasaba nada. Bajábamos al llanillo a lo del Ferreira a que nos prestara unas peliculicas de esas del Bud Spencer y los tenía media tarde entretenidos. Hoy ya los chavaletes no se entretienen con eso, ni mi amigo el Ferreira está, ni el Bud ni nada de nada. Hasta se me aburren en el paseo cuando los llevo a los toboganes.

Menos mal que ya vienen los jipis. Me pasó el Coleta el otro día el programa y hasta le hicimos marcas a lo que teníamos que ver. Como ya es de los nuestros, abuelo y jubilado, le toca también planificar por un lado las cosas que uno quiere ver y por el otro la de los peques. Al final disfrutamos casi más con ellos, para qué engañarnos.

Promete la cosa este año. Veinte que cumplen los jipis. Y parece que fue ayer cuando no salíamos al paseo porque nos daban miedo. ¡Y ahora salimos más viejos en los retratos de la fiesta que jóvenes! Da gusto ver el parque tan lleno y colorido.

Y lo mejor de todo es que esta fiestecica si que se comparte por todo el pueblo. Un ratico de ayuntamiento, otro al parque, otro al ferial, al teatro, a la pensión Facundo, … Así, para bien o para mal, todos pillamos algo.

Yo tengo ya apuntados todos los cuentacuentos, que le gustan a mi Lucía. Y mientras ella se entretiene me siento a contarle cosicas al que se me quiera sentar al lado. El año pasado me parece que mientras ella escuchaba meramente un cuento, yo ya iba por la tercera lata de cerveza. Y de gratis, que me vio una muchacha sudandico y le faltó tiempo para traerme refrigerio. Muy maja ella, de Sevilla me dijo que venía. Y como hablaba, ¡Más que yo! A ver si este año la veo también que, como ya tengo los feisbus esos, nos los podemos cambiar y ver las fotillos que vaya haciendo.

En los puestecicos raro es que no caiga alguna pulsera o algo. Después un paseo y a los atomizadores a templar el cuerpo y ver a la peña esfarriá por ahí.

Luego ya para el ayuntamiento a escuchar música de la tranquila. Esa si me gusta a mí, la de allí del ferial se la dejo a la juventud. Y como mi Antonio y el Pedro se irán a escucharlos con las respectivas y volverán ya amanecidos, me quedo con Lucía. Así podemos ir luego por la mañana al parque tranquilos y coger sitio para los juegos.

Y pasado el etnosur, a por los festivales de agosto. Y luego la virgen y los fuegos y... Un no parar, que ya  se va notando a estas edades. Agotaíco, te decía, que cada verano pierdo lo menos una docena de kilos. Eso si, luego se recupera uno sin problema.

Así que para ir juntando reservas... ¡Jose, ponte media de “caramales” y otro par de vinos! Que la comida, como las fiestas de bailes, más vale que sobre.

martes, 5 de julio de 2016

Un giro de 360º



Pues sí, Matías: un giro de 360 grados. Es lo malo de no saber matemáticas ni trigonometría ni como se llamen esos que estudian los dibujicos de escuadra y cartabón. Al final tanta vuelta para llegar al mismo sitio que estábamos.

Y es que siempre pasa igual. Mira si no el torneo de brisca del año pasado. Siempre lo organizaba el ocho ojos. Que pese a ser medio bizco y tener gafas, tenía más vista que todos juntos. Y siempre teníamos quejas. Que si los horarios de las partidas, que si el orden, que si el caterín namás que traía patatillas y no jamón… Todo quejas. Pero año tras año lo organizaba el mismo.

¿Qué pasó cuando Macetas y yo dijimos de organizarlo? Pues que todo eran dudas y malas caras. ¿Queréis jamón en el aperitivo? Costará quinientas pesetas más por cabeza. Pero no pasa nada, quitamos las copas esas que damos de premio y hacemos unas medallicas como las de las olimpiadas. Así sacamos lo que sobra de un lado y lo metemos en lo que falta del otro. Todos contentos como chorizo en pringá.

Pues resulta que al ocho ojos le hacían precio los de las patatas y se llevaba no sé cuántas bolsas para su casa en agradecimiento, pero seguía facturando el precio normal. El macetas y yo hicimos números y al final quitando el sobrecoste nos daba para un par de jamones. Con el del vino y la selveza tres cuartos de lo mismo: te la facturo a 40 pero te cobro 25 siempre que vuelvas a comprar para el próximo evento.

Y así todo. Fuimos poniendo de aquí, quitando de allá y finalmente ¿Qué nos quedó? Que en lugar de unas patatillas y un par de vínicos teníamos dos patas de jamón, refrescos, cubalibres, y de regalo para el vencedor trofeo y botella de Rioja.

Pero en cuanto tuvimos que explicar los números, el Macetas insistía en quedarse con un piquillo. Total, siempre se ha hecho así, ¿Por qué no seguir haciéndolo? Yo me negaba, evidentemente. Si no te puedes permitir el lujo de comprarte una bolsa de patatillas, pues no te metas en fregaos.

Al final pasó lo que pasa siempre. El ocho ojos encantado de la vida se quedó callado como una putica mientras el macetas y yo teníamos que dar explicación de cada perra gorda que salía de la asociación y cada vez estábamos más encabronaos el uno con el otro.

Ante la duda pasó lo que tenía que pasar: virgencita que me quede como estoy. Y todos eligieron de nuevo al ocho ojos para organizar el torneo de brisca. Para colmo, costando lo mismo que todos los años, y sabiendo que se iban los cuartos por muchos sitios, al final se entregaron medallas en lugar de trofeos. Que no digo yo que tenga nada que ver con que en lugar de landrover llegara el tío con BMW X3, lo mismo es que combinó así.

¿Qué hemos ganado con el nuevo torneo de mus? Pues varias cosas: que la gente ni se plantée que lo organice otro que no sea el ocho ojos, haga los estrozos que haga. Que el macetas y yo llevemos meses sin hablarnos. Que nos siga costando lo mismo pero tengamos menos cosas. Que se sigan perdiendo los dineros a espuertas. Pero eso sí, sabiendo perfectamente a qué bolsillo van a parar. Claro, luego el tío se pega una conviá de barra a barra y queda como el altísimo en persona.

Y para colmo, al día siguiente, todos se acercaban para decirme “ojalá lo hubieras organizado tú. Este mamón para mí que se queda con la mitad de los cuartos y luego ni un mal salchichón de burro que nos pone para picar”.

Y hablando de picar, ¡Miguel! Ponte otro par de jarricas de esas del frigo, con su salchichón de rigor, que estas cosas de las pocas que no debería de cambiar nunca.