martes, 5 de julio de 2016

Un giro de 360º



Pues sí, Matías: un giro de 360 grados. Es lo malo de no saber matemáticas ni trigonometría ni como se llamen esos que estudian los dibujicos de escuadra y cartabón. Al final tanta vuelta para llegar al mismo sitio que estábamos.

Y es que siempre pasa igual. Mira si no el torneo de brisca del año pasado. Siempre lo organizaba el ocho ojos. Que pese a ser medio bizco y tener gafas, tenía más vista que todos juntos. Y siempre teníamos quejas. Que si los horarios de las partidas, que si el orden, que si el caterín namás que traía patatillas y no jamón… Todo quejas. Pero año tras año lo organizaba el mismo.

¿Qué pasó cuando Macetas y yo dijimos de organizarlo? Pues que todo eran dudas y malas caras. ¿Queréis jamón en el aperitivo? Costará quinientas pesetas más por cabeza. Pero no pasa nada, quitamos las copas esas que damos de premio y hacemos unas medallicas como las de las olimpiadas. Así sacamos lo que sobra de un lado y lo metemos en lo que falta del otro. Todos contentos como chorizo en pringá.

Pues resulta que al ocho ojos le hacían precio los de las patatas y se llevaba no sé cuántas bolsas para su casa en agradecimiento, pero seguía facturando el precio normal. El macetas y yo hicimos números y al final quitando el sobrecoste nos daba para un par de jamones. Con el del vino y la selveza tres cuartos de lo mismo: te la facturo a 40 pero te cobro 25 siempre que vuelvas a comprar para el próximo evento.

Y así todo. Fuimos poniendo de aquí, quitando de allá y finalmente ¿Qué nos quedó? Que en lugar de unas patatillas y un par de vínicos teníamos dos patas de jamón, refrescos, cubalibres, y de regalo para el vencedor trofeo y botella de Rioja.

Pero en cuanto tuvimos que explicar los números, el Macetas insistía en quedarse con un piquillo. Total, siempre se ha hecho así, ¿Por qué no seguir haciéndolo? Yo me negaba, evidentemente. Si no te puedes permitir el lujo de comprarte una bolsa de patatillas, pues no te metas en fregaos.

Al final pasó lo que pasa siempre. El ocho ojos encantado de la vida se quedó callado como una putica mientras el macetas y yo teníamos que dar explicación de cada perra gorda que salía de la asociación y cada vez estábamos más encabronaos el uno con el otro.

Ante la duda pasó lo que tenía que pasar: virgencita que me quede como estoy. Y todos eligieron de nuevo al ocho ojos para organizar el torneo de brisca. Para colmo, costando lo mismo que todos los años, y sabiendo que se iban los cuartos por muchos sitios, al final se entregaron medallas en lugar de trofeos. Que no digo yo que tenga nada que ver con que en lugar de landrover llegara el tío con BMW X3, lo mismo es que combinó así.

¿Qué hemos ganado con el nuevo torneo de mus? Pues varias cosas: que la gente ni se plantée que lo organice otro que no sea el ocho ojos, haga los estrozos que haga. Que el macetas y yo llevemos meses sin hablarnos. Que nos siga costando lo mismo pero tengamos menos cosas. Que se sigan perdiendo los dineros a espuertas. Pero eso sí, sabiendo perfectamente a qué bolsillo van a parar. Claro, luego el tío se pega una conviá de barra a barra y queda como el altísimo en persona.

Y para colmo, al día siguiente, todos se acercaban para decirme “ojalá lo hubieras organizado tú. Este mamón para mí que se queda con la mitad de los cuartos y luego ni un mal salchichón de burro que nos pone para picar”.

Y hablando de picar, ¡Miguel! Ponte otro par de jarricas de esas del frigo, con su salchichón de rigor, que estas cosas de las pocas que no debería de cambiar nunca.

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