viernes, 27 de enero de 2017

Ni Chicha ni Limoná



Pues sí, Matías, ni chicha ni limoná. Creíamos que acabar 2016 iba a ser la panacea, que ya sólo quedaría mejorar. Pero nada más lejos. Esperábamos eso de que “por San Vicente toda el agua es simiente” y apenas si nos han caído cuatro goticas sueltas. Aunque si hiela en enero mucho llueve en febrero, lo mismo tenemos hasta suerte. Por lo menos nevó. Poco, meramente un chispo , pero nevó. Y con nieve en enero no hay año fullero.

Todo son promesas, pero de momento pocos hechos. Y estos son amores. Tal vez en febrero, por ser el mes de los enamorados, se empiecen a ver las intenciones del año.

Intenciones y promesas, es lo poquito que tenemos. Y salud, eso siempre. Al menos nosotros, los viejunos. Los chavalines lo tienen peor. Mi Lucía, con su bronquiolitis o algo así que me ha cogido este año, lleva más viajes a Granada que Rafalico el taxista. Ya mismo nos pondrán la autovía, dicen, de nuevo. Ya mismo tardaremos lo mismo en llegar a Graná que a Frailes. Pero ese ya mismo es como las medidas de mi Paquita: “queda una mijilla, que estas cosas se hacen a su amor”.

Claro, que tampoco habría que bajar a la capital de al lado para ir al médico su tuviéramos pediatras en el pueblo. Y ojo, que no me quejo del trato, al contrario. Pero eso de ver a todo un doctor, con su bata y el estetoscopio al pescuezo, que te diga “yo es que no me quiero mojar mucho, porque no es mi especialidad, así que mejor te bajas a Granada y que te la miren allí”, la verdad es que desalienta un poco. Para lo demás sin problemas. A mi Antonio le quitaron hace poco un bulto de la espalda y vino encantado de la vida. En una tarde todo listo, que no tuvo ni que perder del trabajo. Pero a los chavalines habría que tratarlos un poco mejor. No me refiero a los médicos que hay, sino a los que no hay no sé por culpa de quien. Y eso que el alcalde ha dicho de contratarlos, se ve que tiene mano en esto de los hospitales, pero ni por esas aparecen. A este paso tenemos antes autovía y Parador que pediatra. Ponerle un piso es lo que falta para mejorar la oferta.

Pero el piso en el centro o en el sur, que en el norte está complicada la cosa. Ya te comenté hace poco lo del hijo de mi amiguete, el de la calle de los caños, que está pasando las de Caín para poder reformar su casa vieja. Pues así tó quisqui. Papeles, plazos, “vuelva usted mañana”, … al final es casi mejor desistir.

Tiene tarea, si lo piensas. A los pequeños no los curamos, a los jóvenes no les dejamos que se puedan apañar una casica en condiciones. Al menos los viejos si tenemos más provecho. Este año el centro de día como alberge, chapeau por quien tomara la decisión. Es que da cosa ver cómo están hacinados los inmigrantes en el Marino. Aquí al menos, manque sean tres días, tiene dónde comer y dormir calenticos y en condiciones. Y me da igual porqué están aquí. Que no me voy yo a poner ahora como el maestro ese con el que hablábamos el otro día. Indignadísimo porque vienen a la aventura, sin contrato ni nada y, claro, ahora tenemos nosotros que costearles hasta el alojamiento. ¿No tiene la gente un poco de humanidad? No creo que nadie venga por gusto a la aventura. Ya nos fuimos nosotros en su día, y agradecimos lo que no está escrito que nos trataran medianamente bien.

Pareciera que enero sólo nos trae desgracias. Aunque, en el fondo, son las mismas de siempre. Por eso te decía, que ni chicha ni limoná, mucho ruido y pocas nueces.  Sólo nos queda esperar que febrero sea algo más agradecido. Para empezar tenemos el día de los enamorados y los carnavales, así que besicos y risas están aseguradas. ¡Ay! Con lo que le gustaba todo eso a mi Paquita. Los carnavales me la traían loca, y eso que yo nunca me entero de lo que cantan. Y el día de los enamorados me preparaba siempre papuecas. Eso sí es amor, y además del rico. Ahora ya los mozuelos no hacen esas cosas. Ya se perdió lo de arrancar rosas del parque y hacer un ramo con papel albal. Ahora se van al centro comercial ese moderno que abrieron en Graná y se dejan todo el sueldo en comer cuatro marranás americanas y ver una película de las ñoñas. Para eso, fíjate, no les importa bajar ni estar sin autovía.

Y hablando de chicha y limoná… ¡Migue! Ponte un poco más de chicha y nos llenas los vínicos. Que no es limoná, pero también viene de una fruta.

sábado, 14 de enero de 2017

Enero el desviejaero



Pues sí, Matías: Enero el desviejaero. Y a este paso el desjornalero. Que no veas la que se está liando con el tema del Marino y la tuberculosis. Calma, ante todo, dicen desde el ayuntamiento. Y claro, uno que ha pasado ya muchas fatigas de estas piensa: calma sí, pero caramba, ¡A este paso tenemos hasta la bubónica en pleno siglo XXI!

Pero estamos sanos, que es lo bueno de la lotería de navidad y del niño, que namás traen salud los muy…  Y a mí me da igual, la verdad, que con el euro escaso que me ha subido la pensión tengo ya para todos mis vicios. Pero hubiera sido una ayuda importante para mi Antonio y y mi Pedrillo que andan más apuraos que de costumbre.

Pero las miserias otro día, que tiempo hay de amortizar este año nuevo. De momento me quedo con el día de reyes y la carica de mi Lucía. Mira que llevo ya reyes, y aún me pongo casi más nervioso que los mozuelos. Dos meses antes pensando y negociando con sus majestades qué va para quién. Esa noche, que estos orientales se ve que están más viejos que uno, me toca acostarme más allá de las doce para dejarlo todo listo. Y el día seis esperar a que vengan a verme los nenes con las nietas. ¿Qué quieres que te diga? Ese es mi mejor regalo. Lo mejor es la cura de humildad que se lleva uno: saben que el regalo no es tuyo, sino que lo han dejado en tu casa para ellos, pero están tan contentos que te comen a besos. Ya que no puedo disfrutar la navidad en condiciones: ni gambas, ni langostino, ni carnes rojas, ni mucha sal, ni mucha azúcar, ni… Al menos me queda el día de reyes.

Lo malo es que estoy solico en casa. Cuando mis chaveas era pequeños los cansábamos esa noche hasta que caían rendidos. Íbamos con sus tíos al Pireo, y ahí echábamos un buen rato. Luego al Facundo, al Torcuato a escuchar a Rafalico que siempre aparecía con la guitarra para echar unos cantes, al Choto, … Nos daban las once de la noche y aún no habíamos llegado de sacamoños a Consolación. Luego todos a la habitación en brazos y a las cinco de la mañana dando por saquillo y preguntando si se podían levantar ya.

Pues aún estando sólo, sigo con el mismo ritual. Me llevo a mi Lucía y a la chivata de la compra a coger caramelos. Dos bolsas de asas que nos dio el chaval ese de las computadoras llenicas y con colmo. Luego la canso. O, mejor dicho, ella me cansa a mí. A las diez tuve que llamar a mi Antonio para decirle que no me quedaban fuerzas.

Y a la mañana siguiente no eran aún las once de la mañana cuando llegaron a casa: con su vestido de princesa nosecuantos, su tiara de la reina nosequé y más chocolate en los morros que en los bolsillos. Aquí le habían dejado un patinete. Así que hice una de las mejores cosas que se pueden hacer el día de reyes: irse al parque y ver a los chavales con sus bicis, patines, patinetes, balones…

Este año se ve que los reyes han tenido más cálculos. El pasado y el anterior, quiero recordar, apenas si había nenes esenteando por ahí. Claro, todos con sus tabletas esas de ordenador y los teléfonos atontantes, y todos en casa que hace mejor oraje. Pero esta vez no, balones de arriba abajo, y yo esquivándolos con el callao para defenderme. Así da gusto. Gusto y un calor de la leche.

Enero el desviejaero, que decían. Pero eso era cuando en enero no subíamos de los cero grados namás que meramentico a las dos de la tarde lo más contar. Y eso si el solano hacía por trabajar. Ahora el desviejaero está en el campo. Olivos que no aguantan la falta de agua, no soportan ni un mal bicho que los carcome por dentro… Un desastre. Al menos mi Pedro tiene ya sus cuarenta peonás, por lo que podrá malvivir unos mesecicos más. Pero eso no es vida. Un gordo de esos tenía que habernos tocao. Pero el fallo fue mío. Se lo compré al nene del Ayerbe y claro, como no está ya gordo pues tampoco los da, se ve que hay relación.

Y el día ocho cada mochuelo a su olivo. Vuelta a la bendita rutina que tanto nos gusta a los viejos y tanto añoran los jóvenes apalancaos. Bueno, rutina no, que ahora tenemos entretenimiento nuevo en el Palacio Abacial. Se ve que el techo es tan legar que cumple hasta con la ley de la gravedad, y ahí va, escascarillándose poco a poco. Ya mismo se lleva por delante al chiquillo de cartucho o al que sea y tenemos una desgracia.

A la rutina también ha vuelto el excelentísimo alcalde. Y por la puerta grande: negando la mayor y desmintiendo todo lo dicho hasta ahora por la oposición sobre el Marino y los enfermos. Es lo bueno de estos tiempos. Antes te las veías negras para enterarte de los entresijos del consistorio, a no ser que fueras al Pepillo a echar un anisete o conocieras a alguien de dentro. Ahora con los ”freibú” estos del ordenador te cuentan hasta cuando acceden al excusado.

Si enero es el desviejaero, también es el del vino del terreno. Así que venga, Pablico, échate otros chaticos de seco que si no me seco por los adentros.