sábado, 14 de enero de 2017

Enero el desviejaero



Pues sí, Matías: Enero el desviejaero. Y a este paso el desjornalero. Que no veas la que se está liando con el tema del Marino y la tuberculosis. Calma, ante todo, dicen desde el ayuntamiento. Y claro, uno que ha pasado ya muchas fatigas de estas piensa: calma sí, pero caramba, ¡A este paso tenemos hasta la bubónica en pleno siglo XXI!

Pero estamos sanos, que es lo bueno de la lotería de navidad y del niño, que namás traen salud los muy…  Y a mí me da igual, la verdad, que con el euro escaso que me ha subido la pensión tengo ya para todos mis vicios. Pero hubiera sido una ayuda importante para mi Antonio y y mi Pedrillo que andan más apuraos que de costumbre.

Pero las miserias otro día, que tiempo hay de amortizar este año nuevo. De momento me quedo con el día de reyes y la carica de mi Lucía. Mira que llevo ya reyes, y aún me pongo casi más nervioso que los mozuelos. Dos meses antes pensando y negociando con sus majestades qué va para quién. Esa noche, que estos orientales se ve que están más viejos que uno, me toca acostarme más allá de las doce para dejarlo todo listo. Y el día seis esperar a que vengan a verme los nenes con las nietas. ¿Qué quieres que te diga? Ese es mi mejor regalo. Lo mejor es la cura de humildad que se lleva uno: saben que el regalo no es tuyo, sino que lo han dejado en tu casa para ellos, pero están tan contentos que te comen a besos. Ya que no puedo disfrutar la navidad en condiciones: ni gambas, ni langostino, ni carnes rojas, ni mucha sal, ni mucha azúcar, ni… Al menos me queda el día de reyes.

Lo malo es que estoy solico en casa. Cuando mis chaveas era pequeños los cansábamos esa noche hasta que caían rendidos. Íbamos con sus tíos al Pireo, y ahí echábamos un buen rato. Luego al Facundo, al Torcuato a escuchar a Rafalico que siempre aparecía con la guitarra para echar unos cantes, al Choto, … Nos daban las once de la noche y aún no habíamos llegado de sacamoños a Consolación. Luego todos a la habitación en brazos y a las cinco de la mañana dando por saquillo y preguntando si se podían levantar ya.

Pues aún estando sólo, sigo con el mismo ritual. Me llevo a mi Lucía y a la chivata de la compra a coger caramelos. Dos bolsas de asas que nos dio el chaval ese de las computadoras llenicas y con colmo. Luego la canso. O, mejor dicho, ella me cansa a mí. A las diez tuve que llamar a mi Antonio para decirle que no me quedaban fuerzas.

Y a la mañana siguiente no eran aún las once de la mañana cuando llegaron a casa: con su vestido de princesa nosecuantos, su tiara de la reina nosequé y más chocolate en los morros que en los bolsillos. Aquí le habían dejado un patinete. Así que hice una de las mejores cosas que se pueden hacer el día de reyes: irse al parque y ver a los chavales con sus bicis, patines, patinetes, balones…

Este año se ve que los reyes han tenido más cálculos. El pasado y el anterior, quiero recordar, apenas si había nenes esenteando por ahí. Claro, todos con sus tabletas esas de ordenador y los teléfonos atontantes, y todos en casa que hace mejor oraje. Pero esta vez no, balones de arriba abajo, y yo esquivándolos con el callao para defenderme. Así da gusto. Gusto y un calor de la leche.

Enero el desviejaero, que decían. Pero eso era cuando en enero no subíamos de los cero grados namás que meramentico a las dos de la tarde lo más contar. Y eso si el solano hacía por trabajar. Ahora el desviejaero está en el campo. Olivos que no aguantan la falta de agua, no soportan ni un mal bicho que los carcome por dentro… Un desastre. Al menos mi Pedro tiene ya sus cuarenta peonás, por lo que podrá malvivir unos mesecicos más. Pero eso no es vida. Un gordo de esos tenía que habernos tocao. Pero el fallo fue mío. Se lo compré al nene del Ayerbe y claro, como no está ya gordo pues tampoco los da, se ve que hay relación.

Y el día ocho cada mochuelo a su olivo. Vuelta a la bendita rutina que tanto nos gusta a los viejos y tanto añoran los jóvenes apalancaos. Bueno, rutina no, que ahora tenemos entretenimiento nuevo en el Palacio Abacial. Se ve que el techo es tan legar que cumple hasta con la ley de la gravedad, y ahí va, escascarillándose poco a poco. Ya mismo se lleva por delante al chiquillo de cartucho o al que sea y tenemos una desgracia.

A la rutina también ha vuelto el excelentísimo alcalde. Y por la puerta grande: negando la mayor y desmintiendo todo lo dicho hasta ahora por la oposición sobre el Marino y los enfermos. Es lo bueno de estos tiempos. Antes te las veías negras para enterarte de los entresijos del consistorio, a no ser que fueras al Pepillo a echar un anisete o conocieras a alguien de dentro. Ahora con los ”freibú” estos del ordenador te cuentan hasta cuando acceden al excusado.

Si enero es el desviejaero, también es el del vino del terreno. Así que venga, Pablico, échate otros chaticos de seco que si no me seco por los adentros.


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