jueves, 9 de marzo de 2017

Chuminás



Pues sí, Matías: chuminás de bombero que decíamos antes. O de bombero jubilado, si se quiere rizar el rizo. Ahí siguen con su flamígero conflicto y no parece haber nadie que lo quiera sofocar: ni bomberos y autoridad. El tema viene a ser un cargo, sólo uno, que es de libre designación. La palabra es muy bonita, eso sí, todo un eufemismo. Se eligió al jefe un poquillo a dedo y, claro, el resto no están de acuerdo con su gestión. Lo más gracioso, o curioso, es que cada vez que se ha propuesto el tema la respuesta ha sido la misma: todo va bien.

Yo de bomberos entiendo lo preciso, por suerte nunca he tenido que llamarlos, pero sí los he visto currar por los barrios altos. Y oye, chapeau. ¿Te acuerdas cuando se cayó la casa esa del Sacamoños? Sí, hombre, en la que estaban los majetes esos del teatro. Pues ahí que llegaron en un chispo con sus camiones y sus cosas de bomberos. Hay trabajos en los que hay que llevarse bien. ¿Te imaginas que le diga un bombero a otro “mi trabajo es sacar cinco metros de manguera, si son seis ya tenemos que negociarlo”? Pues no, evidentemente. Así que, a mi humilde modo de ver, tenían por lo menos que intentar llevarse bien. Y si entre ellos no lo consiguen, pues que medie quien tenga que mediar. Lo que no me parece lógico es que todas y cada una de las quejas sean exactamente sobre el mismo tema. Eso sí sería digno de estudio.

Todo depende, como decía De la Barca, del cristal con que se mira. Para unos todo es malo, para otros todo bueno. ¿Y la crítica? ¿Y la humildad? ¿Y eso de asumir los errores para tratar de paliarlos? Es chuminá bregar, que dirían los de la capital.  Lejos quedó ya el debate, me temo. Con Etnosur llevamos una racha que es tres cuartos de lo mismo. “Tú contratas muy mal, y a dedo” dicen unos. “Qué va, lo hago estupendamente” dicen los otros. Al final hay una multa. No sé si por simbolismo o coincidencia son más o menos seiscientos sesenta y seis mil duros, tétrica y demoníaca cifra. ¡Hablad entre vosotros, caramba! Aún no me explico la utilidad de los plenos. Total, para que unos digan blanco, los otros negro y al final siempre sea lo mismo no tiene sentido.

Al menos se ha dispersado la noticia entre carnavales y pasacalles. ¡Qué alegría! Mi Lucía salía con los del cole, todos de mejicanos. Mi Paquita, si estuviera aún, ni se lo hubiera pensado: vestida de mejicana con su nieta. Y ya podían decirles las seños lo que quisiera, que a ella nadie le hacía recular en cuanto a carnavales se refiere. Yo, como soy más sosete, me conformé con acompañarla a una distancia prudencial.

Luego fuimos el  sábado a la plaza del ayuntamiento. ¡Menudo jolgorio! Dejé a mi nietecica con sus amigos y pasé a saludar al Aguardentero. Parece mentira, pero desde que me mudé apenas si lo he visitado. Nos quejamos de vivir en un pueblo pequeño, pero cuando hay que ir de una punta a otra resulta que se transforma en toda una metrópolis.

allí canturrearon varias comparsas. Nos echamos unos vínicos, comimos arroz… vamos, un lujazo. Como mi Antonio venía tarde, me dijo de quedarme con la chiquitina hasta eso de las siete. Al Chencho que nos fuimos, pensando en evitar la jauría de gente disfrazada. Nada más lejos. Hordas de carnavaleros nos acompañaron en sacamoños. Para entretener a mi Lucía le iba contando como estaba aquello cuando éramos mozos: el pilar en frente y no donde está ahora, Ropones vendiendo lentejas al peso en lugar de un supermercado… Parece que fue ayer, pero da susto pensar lo que crece el pueblo.

Por la noche no te creas que fue más tranquila la cosa. Cuando el Antonio y su señora se quedaron con la niña me bajé para el sur. Inocente de mí, pensaba que no habría tanto alboroto. Meramentico en el silo, sin exagerarte, habría unos tres mil millones de personas. Y no un rato, ni dos: a las tres de la mañana todavía iban vociferando por las calles como si fueran el sereno.

Así que agotado estoy. Ni he dormido por la noche ni he podido echar la siesta en no sé cuántos días. Me merezco un respiro, así que hoy te perdono el vino y lo cambio por una infusión de hierbas relajantes. Con su poquito de anís, claro, que una cosa es estar cansado y otra la chuminá de beber agua caliente por gusto.

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